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Wanda Vision: el poder del trauma

Por Juli Fantini

La serie que estrenó Disney Plus hace un mes y medio —de sus poquitas novedades con relación a la propuesta de la ametralladora de estrenos, Netflix— es excelente y apta para aficionados o no al universo Marvel.

WandaVision, rara y encendida, es la historia de dos personajes algo marginales de ese grupo de superhéroes llamados Los Vengadores (Avengers), y si hay familiaridad con los cómics, no habrá problemas de entendimiento de la trama.

También puede ser que se llegue a la serie sin haber visto nada o muy poco del MCU (Universo Cinematográfico de Marvel) dado el intenso nivel de comentarios alrededor de los capítulos semanales (estrena como antes, una “vieja” práctica que se agradece). En ese caso, la plataforma armó sus propios “Te lo resumo así nomás”, llamados Legends, unos cortos promocionales donde editaron una síntesis del recorrido de Wanda y Vision en la saga.

Otra alternativa es sumergirse por primera vez o de nuevo en todas las películas de las tres fases anteriores del MCU, disponibles en Disney Plus. A la espera de más contenido para adultos, ese parece un buen plan en tiempos, para algunos, de escasa vida social. Allí también se abren dos formas de visualizar: por orden de aparición o por cronología.

Es que la plataforma que llegó en noviembre se convirtió en un espacio de rewatch. Al contar con tantos clásicos, así como con las sagas completas de Marvel y de Star Wars, por citar otro ejemplo, la tentación de volver a mirar está ahí, a un clic de distancia.

Y, si mencionamos Star Wars, es posible establecer un paralelismo entre el fenómeno The Mandalorian, que prestigió la franquicia de películas, creadas por George Lucas, y ahora propiedad de Disney, que venía de una cuestionada trilogía de cierre. Por su parte, WandaVision potenció en imaginación y rareza a esa fábrica de entretenimiento diseñada para perdurar por décadas que entró a su fase cuatro, sumando series al cánon de las películas del ya mencionado MCU.

Concluida La saga del Infinito —no habrá, por ahora, películas de Los Vengadores—, no era el plan del conglomerado mediático inaugurar la nueva fase con esta serie, pero la pandemia los hizo trasladar los estrenos de las películas hacia más adelante. Así que decidieron salir con la que tenían a disposición. Por lo que se dijo, hay una sola temporada, y lo que se viene en lo inmediato es la serie The Falcon and The Winter Soldier (23 de marzo).

A partir de ahora, algunos leves spoilers de los primeros cinco capítulos emitidos.

WandaVision llega cuando Marvel parecía haberse autofagocitado con tanto despliegue de fuerza y poder en las últimas de Los Vengadores. En la serie que arranca como una sitcom de los 50, dos actores dramáticos destacados, Paul Bethany (Vision) y Elizabeth Olsen (Wanda), despliegan su pericia en un registro cómico clásico, al principio, que corta con la épica desgastada del universo de películas y vuelve a lo que mejor hicieron en el pasado: el juego con los géneros cinematográficos; ahora, con los televisivos.

Sin embargo, la serie no es un experimento, se inserta con meticulosa perfección —aunque el cómo demore un poco en llegar— en la franquicia ultra rentable, pero desde un lugar más ingenioso e inteligente.

La recreación de las sitcoms “que nos hicieron felices” —esas historias de familias nucleares de los 50, 60, 70 y 80, hasta el quinto— es, nada más y nada menos, que una de las etapas del duelo de Wanda tras la muerte de Vision en las películas.

Esa figuración de la televisión de cada una de las épocas citadas es exacta y nostálgica, y también está plagada de referencias a lo visto en los últimos años del MCU. Pueden darse una vuelta por YouTube, donde se multiplican los análisis de la enorme cantidad de easter eggs referidos en cada breve capítulo semanal. Si no los ven, no pasa nada.

La Bruja Escarlata crea una realidad paralela en la que su compañero vive. Ella aparentemente controla la voluntad de un grupo de personas que pasan sus días en un pueblo idílico llamado Westville, para que actúen esas recreaciones donde la pareja es feliz, de acuerdo al filtro televisivo de cada una de las décadas.

En esa construcción, que tiene la forma de un hexágono, transcurre el duelo de Wanda, un personaje que tuvo poco tiempo en pantalla, pero que sí arrastra varios traumas. Sus problemas mentales han sido evidentes, y ahora quedó —dada la última tragedia en su vida— enfrentando no solo sus fantasmas, sino —como no podía ser de otra manera— una nueva conspiración que se evidencia recién entre el cuarto y el quinto capítulo.

¿Dónde queda lo superheroico? Lejos, al menos al principio, del registro que vimos en las películas. Si bien se da cuenta del gran poder de la Bruja, se parece más a una Hechizada moderna que luego es tratada como terrorista. La apuesta es que no sea Wanda quien tome la posta de la heroína, sino otro personaje que conocimos de pequeña en Capitana Marvel, Mónica Rambeau. Pero esa es otra historia por descubrir.

Así, lo que pasa dentro y fuera del hexágono —como si se tratara de un Truman Show de superhéroes— marca las tensiones dramáticas de la serie. Wanda apela a lo mismo que muchos y muchas durante la pandemia: pasar el tiempo viendo TV confortable para escaparle al drama. En lugar de ver sin parar y por enésima vez algún capítulo de Friends, en este caso, como tiene poderes, la protagonista directamente recrea sus series favoritas, sin apelar a la parodia. WandaVision, de esta manera, parece decir que las historias que nos contamos para sobrevivir suelen ser más poderosas que lo que efectivamente nos pasa. .

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