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The World to Come: matrimonios y algo más

Por Juli Fantini

La película The World to Come (El mundo por venir) tuvo su estreno internacional durante la 77.a edición del Festival de Venecia, el 6 de septiembre de 2020. Aún no llega a las salas de cine ni al streaming, pero puede encontrarse en plataformas alternativas. Y vale la pena buscarla. 

Un primer acercamiento podría asociarla a las celebradas Secreto en la Montaña

y Retrato de una mujer en llamas, pero este es un film menos ambicioso, aunque su simpleza no le resta belleza, sino que suma en sutileza y poesía.

La historia de un amor lésbico en clave de novela epistolar toma la forma del monólogo interno contado a través de una voz en off: el diario de una mujer enamorada que padece la vida rural a mediados del siglo XIX en EE. UU.

The World to Come es un western sin ninguno de los elementos clásicos del western de acción.

A través de las escenas excesivamente puntuadas por las fechas sobreimpresas en la pantalla del diario de Abigail (Katherine Waterson, con algo de Jo March en Mujercitas), las estaciones del año pasan mientras también se suceden los climas emocionales. 

Arranca, como corresponde, el 1 de enero con un invierno brutal. La pareja que interpretan Waterson y Casey Affleck (Dyer) experimenta el duelo de la pérdida de su hija, mientras cumplen rigurosamente los roles de género correspondientes al período histórico que viven, también como una estrategia para sobrevivir al dolor de la muerte de la niña.

Esa constricción al trabajo y los roles asignados no son releídos a la luz de lo contemporáneo. En este primer acto, hay una detallada exposición del cómo vivían en ese tiempo y espacio.

“Con poco orgullo y menos esperanza y solo intervalos ocasionales e inciertos de felicidad comenzamos un nuevo año”, escribe y dice Abigail y plantea el inicio del fin de su melancolía, un velo que todo lo cubre, así como el frío que los azota. 

Hasta que llegan Tallie (Vanesa Kirby) y Finney (Christopher Abbott) y todo cambia. 

La amistad entre Abigail y Tallie comienza a crecer con ambigüedades. Unos primeros acercamientos naives, mientras las miradas y los roces en los encuentros entre las dos mujeres dan cuenta de una evidente atracción difícil de traducir en términos amorosos, hasta que llegan los besos que se dan en la intimidad de la soledad. Lo ambiguo se desanda hacia el final, porque el erotismo de lo físico se oculta durante prácticamente toda la película. Aparece, justamente, hacia el final, en forma de ráfagas editadas con la intensidad de la intimidad que vivimos y que Abigail no nos contó durante la película.

Las dos parejas viven una vida de deberes de maneras muy distintas. Tallie y Finney no son el modelo ejemplar que sí encarna Abigail y Dyer. Incluso la maternidad negada de las dos es motivada en un caso por la falta de voluntad y deseo de ser madre y, en el otro, por la reciente pérdida.

Mientras la relación entre las dos mujeres crece, es evidente que se revela ante sus maridos, que no la explicitan en modo telenovelesco. Las tensiones crecen a través de detalles, hasta que Finney decide abandonar la zona, sin aviso, dejando a Abigail devastada.

El desenlace trágico y la concreta imposibilidad de la huida de las amantes restablece un orden que la directora noruega Mona Fastvold propone no reescribir, con la mirada actual de las dinámicas sexoafectivas lésbicas como un punto tapado de la liberación gay. Por el contrario, The World to Come es un cuento en el que la afinidad y búsqueda intelectual y la atracción física entre las dos se construyen a través de los clásicos arquetipos de las amantes que viven una historia contada desde el comienzo de los tiempos: de amores imposibles.

Y, más allá del evidente magnetismo de una de las actrices del momento —Vanesa Kirby—, es Waterson y su Abigail tímida, introvertida, frustrada, en duelo, quien nos cuenta esa historia desde una, por algunos resistida, voz en off, que funciona porque Fastvold se mete con la interioridad femenina. No es un recurso explicativo del guion, sino la forma que encuentra para contar el cambio de suerte del personaje al encontrarse con la belleza, la libertad, la ternura y las consecuencias de la opresión del matrimonio de Tallie. 

“Ya no me consuela la idea de un mundo mejor por venir”, escribe Abigail en su diario al comienzo de la película, dándole título y marcando el fin del sueño de los pioneros y la transformación de Tallie en un recuerdo, para, tal vez, regresar a lo mismo de siempre. Con la historia de amor inmortalizada en su cuaderno, hacia el final, remata: “Mantengo nuestra amistad y la estudio, como si fuera el mapa incompleto de nuestro escape”.

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