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Temporada Libra

Por Lu Gaitán

Ya que estamos en temporada Libra, quiero hablarles sobre un tema que suele aparecer con bastante frecuencia: las relaciones, la compatibilidad astrológica y la proyección. 

Empecemos con la compatibilidad astrológica en vínculos sexoafectivos. Sincerémonos: cada vez que buscamos información sobre compatibilidad entre signos, rara vez lo hacemos pensando en nuestros amigues, hermanes o compañeres de laburo. No digo que nadie lo haga, digo lo que observo como tendencia en redes sociales y en las sesiones. De hecho, creo que muchas personas entramos al mundo de la astrología motivadas por dolores en materia sexoafectiva. Obvio que yo soy parte de ese grupo y confieso que he buscado mucha data sobre compatibilidad astrológica en libros, revistas e internet. La pregunta recurrente era “¿qué signo es compatible con el mío?”, seguida de “a ver si elijo mejor la próxima vez”. Y encontré todo tipo de respuestas que más o menos calmaban mi ansiedad, pero nunca totalmente. Me dije a mí misma: “Esto no te tranquiliza porque es información falopa, la posta es hacer la sinastría” –una carta que habla de la relación entre dos o más personas–. Entonces, me puse obsesiva con eso y cada vez que tenía una cita pedía los datos de nacimiento y luego calculaba la sinastría. Y, cuando estaba en una relación, volvía una y otra vez a esa data para ver si encontraba la forma de “salvar” el vínculo, porque obvio, me acordaba de la sinastría cuando había un problema o una crisis, no cuando estaba todo bien. Yo creía que ahí estaba la receta para que funcione. 

Sí, hacer la sinastría me dio información y explicaciones astrológicas sobre los problemas de la relación. Hacer una sinastría es bastante complejo y podríamos decir que hay elementos que tienen una mayor afinidad y otros una mayor disonancia: por ejemplo, fuego y aire necesitan la novedad, mientras que tierra y agua son más tranqui; fuego y agua son muy emocionales, mientras que tierra y aire son mentales; que la mayor tensión sucede cuando se encuentran fuego y tierra o aire y agua, pero esa diferencia es la que genera gran atracción y aprendizaje mutuo. ¿Entonces? No podemos sacar conclusiones categóricas y definitivas sobre dos o más cartas en vínculo, porque como individuos no nos identificamos con la totalidad de nuestra carta natal. Hay una parte que está consciente y otra que no. Entonces, la sinastría puede ser increíble y maravillosa en teoría, pero no cuando esas personas se encuentran, por la misma razón por la que no me identifico con la totalidad de mi carta natal. 

Últimamente, me gusta decir que la carta natal es el mapa de un ser humane, no el territorio. Entonces, la sinastría es la unión de dos mapas y dos territorios, con todas las complejidades que eso trae. Por eso, a riesgo de sonar como una boicotera de la astrología y de todo lo que este lenguaje tiene para aportarnos, quiero decir que la astrología aplicada al individuo y a los vínculos tiene mucho para decirnos, pero no del modo mecánico en que solemos pensarlo de “Aries y Libra son compatibles porque son opuestos complementarios” o “la relación entre Leo y Virgo no funciona porque fuego y tierra son incompatibles”. ¿Estamos haciendo la sinastría solo hablando de los signos solares? ¿Estamos viendo la totalidad de las cartas? O incluso más importante, ¿estamos viendo la singularidad de los seres humanos implicados y, sobre todo, la singularidad de lo que se genera en el encuentro en ese momento específico? 

Entramos a la #astrología buscando garantías y seguridades y creyendo que el amor es un formulario de requisitos por llenar, o una suerte de check list, solo para terminar confirmando que es mucho más complejo que eso. Creo que nos vinculamos con la(s) persona(s) que tocan nuestras fibras íntimas y eso no se puede controlar. Por supuesto, podemos indagar en cuáles son nuestros patrones inconscientes (personales, familiares, colectivos) que nos llevan una y otra vez a elegir a las mismas personas. Estamos abriendo la caja de Pandora cuando hacemos esa indagación. No nos enamoramos de cualquiera ni nos relacionamos con cualquiera, sino con las personas que tocan nuestras fibras íntimas. ¿Viste que cuando te enamorás (y esto aplica al enamoramiento que podemos sentir con amigues que acabamos de conocer) es como si conocieras a esa persona de toda la vida? Es la conexión inconsciente, porque ahí no hay tiempo ni espacio, como en los sueños. ¿Viste que a medida que avanza la relación empezás a ver que esa persona tiene puntos de contacto con las que estuvieron antes, o incluso que se parecen a tu papá o tu mamá? Eligió el inconsciente y a veces las coincidencias son tan fuertes que parecen hologramas. 

¿Cuál es el patrón que une a todos esos personajes de tu vida? Puede ser que siempre estás con gente que tiene energía de Sagitario, o se dedican al arte, o están en otros vínculos y no están disponibles para vos, o son celosxs o son del palo intelectual. Las opciones son infinitas y vos sabes mejor que nadie cuál es el hilo que une a todas esas personas de tu vida, pero a menos que elabores tu historia y te hagas cargo de tu parte, va a estar difícil generar algo nuevo. Eso que se repite y te duele o te molesta es parte de vos, no de manera lineal, sino que el otro te lo muestra con zoom aumentado. Este es el famoso mecanismo de proyección del que hablamos habitualmente. Con mucha frecuencia decimos “el otre es un espejo”, algo que por un lado nos genera mucho rechazo aceptar y, por otro lado, corremos el riesgo de banalizar al extremo y ponernos al mismo nivel de lo que hacen lxs demás.

Si queremos hacer una investigación seria sobre esto que llamamos “proyección”, tenemos que estar dispuestxs a asumir que algunas veces la conexión va a ser obvia y lineal y otras veces muchísimo más sutil. Por ejemplo, siempre me encuentro con personas que me fantasmean, o sea, que se borran de un momento a otro. Acá tenemos, al menos, dos posibilidades, por un lado, puede ser que yo haya hecho lo mismo otras veces. Pescar la dinámica proyectiva en este caso es muy sencillo. Pero también puede pasar que yo no tenga el registro de haberle fantasmeado a nadie. Busco y hago memoria en mi historia personal y no encuentro nada. Entonces, es necesario hacer una búsqueda más exhaustiva y ahí encuentro que me fantasmeé a mí misma cuando dejé a mitad de camino y en una nebulosa proyectos que me interesaban, que no me la jugué por lo que quería. O bien, en vínculo con amistades, cuando hubo algún problema o incomodidad, no supe cómo lidiar con eso y me borré. Entonces, ¿es igual mi borrada que la de la persona con la que venía viéndome que de repente me bloqueó de todas las redes sociales? La verdad que no, pero al psiquismo eso no le importa demasiado porque ahí no existe el tiempo ni el espacio y las personas que están vivas conviven con las que están muertas y la película que elegí ayer “de casualidad” está vinculada a algo que experimenté a los 8 años. En el psiquismo todo convive y todo coexiste. ¿Y qué pasa con los vínculos? Bueno, ahí está la famosa otredad. Ese otro me muestra algo de mí misma que no hubiese podido descubrir si no hubiese sido porque el otre aparece y me interpela profundamente. Volvemos a eso de que “el otre es un espejo”. 

Tampoco es para que te castigues: si mirás a tu alrededor, vas a ver que las anécdotas y los personajes de tu novela se replican a tu alrededor y, si no, fijate cuánta gente a tu alrededor está quejándose del fantasmeo, está haciéndose preguntas sobre la heterosexualidad o la monogamia. No son coincidencias azarosas, formamos parte de un entramado mayor. Y hasta acá llegamos por hoy. 

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