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Una mirada al 2021

Por Lu Gaitán

Creo que todes estamos esperando que se termine el año 2020, con la secreta esperanza de que el fin del año gregoriano y el comienzo de uno nuevo nos saquen de esta situación. El año 2020 fue el año de la triple conjunción en el signo de Capricornio. Plutón, Júpiter y Saturno reunidos en ese signo. Lxs astrologxs que nos dedicamos a investigar los procesos colectivos desde la astrología sabíamos que este año iba a ser un año difícil. La mayoría de las predicciones giraban en torno a recesión económica, crisis política y pérdida de libertades individuales. Algunxs astrologxs predijeron la pandemia, pero creo que la mayoría (y me incluyo ahí) no sabíamos bien cómo se iba a dar todo esto. También sabíamos que esa triple conjunción en el signo de Capricornio iba a tener especial peso en los países que tuvieran energía Cardinal (Aries, Cáncer, Libra y Capricornio), como Argentina, Estados Unidos, Inglaterra, etc. Para lxs que no saben, se calcula la carta natal de un país con base en la declaración de la independencia o la última constitución. Cada país con lo suyo, pero todos con la triple conjunción soplándoles la nuca. La triple conjunción también marca el comienzo de un ciclo de casi 40 años. Por eso, muchas veces llamé al año 2020 como el Año de la Semilla, donde ponemos la semilla del nuevo ciclo.

Hice toda esta introducción para que se entienda lo que se viene en el 2021. El 2021 va a estar caracterizado por la conjunción de Saturno y Júpiter en el signo de Acuario haciendo cuadratura a Urano en Tauro en el primer semestre del año. Hay múltiples lecturas que podemos hacer sobre este tránsito y probablemente todas sean complementarias. Yo creo que esta cuadratura sumada al nodo norte en Géminis va a traer una emigración de la ciudad al campo y a ciudades más pequeñas. En Argentina, tenemos toda la población concentrada en la Ciudad de Buenos Aires y área metropolitana por cuestiones económicas, educativas y culturales. Y políticas, obvio. No solo tenemos una gran densidad poblacional, sino que además tenemos escasa cantidad de espacios verdes. Esta ciudad fue construida en contra de la naturaleza, siguiendo el paradigma civilizatorio de occidente de que la naturaleza tiene que ser vencida. Pero ¿qué pasa ahora que pasamos la mayor parte del año 2020 encerradxs en departamentos y desarrollamos el llamado “síndrome de la cabaña”? Este síndrome fue explicado a partir de la forma de vida del norte de Europa, donde los encierros son prolongados, así como el aislamiento y la falta de contacto con la naturaleza. Tal vez podríamos llamar a este conjunto de síntomas, el “síndrome del monoambiente”: irritación, apatía y desgano son algunas de las formas en que se manifiesta. Falta de sol.

Por otro lado, cuando esta pandemia comenzó, muchas personas empezaron a temer la falta de alimentos. A eso le sumamos una revisión total en los consumos: ¿hace falta tener tanta ropa?, ¿qué es lo que más extrañamos durante el encierro?, ¿fueron los shoppings, el transporte en hora pico? Probablemente, no. Hace un tiempo hice unas encuestas en mis redes sociales y la mayoría de la gente extrañaba estar al aire libre y los abrazos con sus seres queridxs. Como conclusión, diría que la cuarentena nos llevó a revisar nuestras prioridades e ir a lo que cada unx considera esencial. Generalizando, sería el alimento, el aire puro, el sol y los afectos.

Ahora ya lo olvidamos, pero a principios de esta cuarentena estábamos flasheando con los animales reconquistando los espacios urbanos: los patos por Avenida Libertador, los lobos marinos en Mar del Plata, los caballos en la ruta y los cisnes en Venecia. Así que empiezo a registrar entre las personas de determinado poder adquisitivo y con cierto ideario hippie y sustentable la posibilidad de crear formas colectivas de vivir, bien al modo acuariano, que sean en armonía con la naturaleza y donde además haya producción sustentable de alimentos, pues Tauro. Por otro lado, en Argentina empiezan a aparecer noticias de apropiación de tierras, producto de la crisis económica y habitacional. Existe la chance de que esta situación se profundice durante el 2021.

Y un dato no menor es que este segundo semestre del 2020 se hizo evidente que, durante el encierro, fue deforestada e incendiada una gran cantidad de territorios y también surgió la posibilidad de instalar granjas industriales de chanchos en algunos sectores de Argentina. Todo esto es producto del agronegocio y las especulaciones inmobiliarias. La respuesta desde adentro del sistema productivo que nos llevó a esta pandemia es seguir saqueando territorios y modificar el trigo para que sea resistente a las sequías y a los agrotóxicos, pero nunca es fomentar la agricultura familiar y cooperativa, sin agroquímicos ni modificaciones genéticas y con precios justos. Esta tensión entre modelos productivos colaborativos y lógica salvaje del mercado va a seguir durante el año que viene.

Las cuadraturas son ángulos de 90 grados que nos hablan de tensión. La cuadratura de Saturno y Júpiter en Acuario con Urano en Tauro también traerá la temática de la salud pública. O, mejor dicho, ¿cuál es el espacio para las libertades individuales y la posibilidad de que cada persona decida qué es lo mejor para sí misma en tensión con las necesidades colectivas? La expresión más obvia de esto es el llamado movimiento anti vacunas que viene creciendo en el mundo. ¿Qué es lo que va a pasar cuando salga la vacuna contra el COVID y sea obligatorio vacunarse? Júpiter y Saturno en Acuario podría ser traducido como la ideología y la autoridad basadas en la ciencia y en el progreso científico en tensión con la libertad de los cuerpos de Urano en Tauro. Saturno ya estuvo en Acuario durante algunos meses del 2020 y, durante ese tiempo, se barajaron varias opciones: la posibilidad de que el Estado controle absolutamente todos nuestros movimientos con un chip implantado bajo la piel o sensores que registran la temperatura corporal incluso antes que nosotrxs mismxs. Suena tentador porque de este modo podríamos prevenir unas cuantas enfermedades. Pero también suena aterrador, al menos para mí. Y tal vez el problema sea que estamos haciendo una polarización que es falsa. En una vereda ponemos al Estado, que registra absolutamente todo lo que hacemos, usando la tecnología (hola, Acuario), y en la vereda opuesta dejamos que cada unx haga lo que pueda, según su decisión y su poder adquisitivo. Si tenés recursos, buenísimo y, si no, vos fijate. Acuario no solo es el signo de lo comunitario, también es de lo elitista. Nunca nadie dijo que Acuario fuese una energía fácil de definir. 

Si nos ubicamos en los polos, nos perdemos de un montón de posibilidades. El medio que imagino pide que cada unx se haga responsable de su cuidado, pero para eso hace falta información y aprender a registrarnos. Por ejemplo, el virus con el que estamos lidiando ahora genera síntomas muy parecidos a un resfrío común o una alergia. ¿Cómo puedo saber si es uno o es otro? Con data y con testeos que sean de fácil acceso. “Saber es poder” y eso no aplica solamente al Estado que eventualmente tendrá toda nuestra información centralizada a través de la tecnología. “Saber es poder” también podría ser el reconocimiento de los síntomas de que algo no anda bien en nosotrxs y concurrir a los hospitales solo si lo necesitamos. Sería algo así como aprender a autogestionarnos y, sobre todo, como dijo Ceci Valentini de @somosciclicas, aprender sobre la intergestión. Entonces, les preguntamos a personas en las que confiamos o intercambiamos saberes medicinales con nuestra red. La cuadratura de Saturno y Júpiter en Acuario con Urano en Tauro también trae la posibilidad de pensar en la medicina desde otro lugar, no solo como paliativo, sino como medicina preventiva, que haga un especial énfasis en los alimentos que consumimos, entendiendo que ahí tenemos vitaminas y minerales y la capacidad para defender nuestro sistema inmune.

Pero para eso vamos a tener que cuestionar la forma en que producimos alimentos y ese va a ser uno de los grandes debates del 2021: es sabido que los alimentos ultraprocesados que consumimos y los agroquímicos que están presentes en nuestra comida no solo no nos alimentan, sino que además nos enferman. Esto es todo por hoy. La seguimos. Abrazo