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A los árboles

Por Lu Gaitán

Hola, mis amores, ¿cómo les va? Hoy les quiero contar sobre los árboles, ya que estamos empezando la temporada Tauro y también tenemos el Día de la Tierra el 22 de abril. 

Hay un punto en común entre las brujas de Europa, las culturas ancestrales de América Latina y Asia: la naturaleza es una entidad viva, no solo porque nace, crece y muere, como sostiene la ciencia, sino porque tiene una personalidad, un campo energético, una vibración. Los humanos no estamos por encima de los árboles, los animales o las montañas, sino que formamos parte de un entramado vivo. Un ecosistema, como decimos por estos días en lenguaje científico. 

Algunos pueblos originarios de América Latina se refieren a los árboles como nuestros hermanos. Algunas culturas incluso van más allá y no hay diferencia entre los árboles y los seres humanos. El árbol no está ahí fuera, sino que ese árbol soy yo. Seres humanos y árboles nos sostenemos en una postura erguida, la única diferencia es que nosotres podemos movernos y ellos no, tienen raíces. Hace un tiempo había un meme que decía “no te olvides de tomar agua y tomar sol, porque sos como una planta pero con emociones un toque más complejas”. Me representa. 

Pero más allá del meme, si pensamos en el árbol como símbolo, estamos en presencia de un ser que genera una conexión, un enlace, un puente entre cielo y tierra. Los alquimistas del medioevo tenían un lema que decía “para que las ramas de un árbol lleguen hasta el cielo, sus raíces deben llegar al infierno”. Si llevamos esto al terreno de la psiquis individual, solo podemos abrirnos realmente a la conciencia cósmica, una vez que trabajamos con nuestro lado instintivo, con nuestros dolores, con nuestros traumas, con los celos, las envidias, la competencia y la voracidad, muy propias de este mundo en el que vivimos. 

Si pensamos en términos astrológicos, estamos en presencia de la cruz fija. El árbol es Tauro, las ramas del árbol que llegan al cielo es Acuario, las raíces que llegan al infierno (entre muchas comillas) son Escorpio y Leo está mediando, es el corazón de ese árbol. Esto, llevado a un terreno práctico, habla de la necesidad de tener una base sólida para poder flashearla, algo que muchas veces olvidamos. En el mundo esotérico he visto mucha gente, inclusive yo misma en algunos momentos de mi vida, que queda medio cucú. ¿Cómo se traduce esto? La importancia de tener rutinas, hacer actividad física, el alimento, pagar nuestras cuentas… Pero también que en nuestra forma de vivir la espiritualidad esté situada, esté encarnada, que tenga conciencia desde qué lugar decimos lo que decimos y hacemos lo que hacemos, que no estamos aislados del resto del mundo. Después de todo, los árboles se conectan, a través de las raíces, al resto de los árboles. O sea que, en la superficie, estamos viendo un árbol pero en la profundidad, ese árbol está conectado a otros de su especie. Esto también aplica a las visiones o percepciones que tenemos de los otros, no importa si se trata de nuestra pareja, madre, hije o percepciones a gran escala. Muchas de esas visiones pueden conmocionarnos a tal punto que nos da ansiedad, tristeza, angustia. Creo que, en ese caso, deberíamos revisar si no están operando nuestros miedos, primero que todo. Y segundo, en caso de que sea una percepción canalizada y acertada, vamos a necesitar enraizarnos, como se dice en el lenguaje esotérico. Que sería básicamente convertirnos en árboles y echar raíces que nos anclen a la tierra, para que toda esa info no nos deje de cama. Estar en la naturaleza, entre los árboles, es una forma de calmarnos. Después de todo, los árboles cambian pero con ritmos muy lentos. Esa lentitud en los cambios, esa previsibilidad, dá calma. Hace poco tiempo, una amiga muy querida, muy bruji, se fue de vacaciones con el novio a San Luis y se pelearon durante la mayor parte del viaje. Bah, estuvieron tensos. Ella se conectó a los árboles de la zona. A las raíces. Dice que eso la ayudó a no angustiarse en extremo, a no engancharse en los rollos del chabón y poder ponerle límites. Vos fijate. 

Cuando estamos en una, en una intensa, incómoda, ya al borde de la desesperación, el gesto universal suele ser el de levantar los brazos al cielo, pidiendo la asistencia de los dioses. Estamos imitando a los árboles, que con sus ramas apuntan al cielo. En esta misma línea, en ayurveda, la medicina india, recomiendan que cuando estamos en una situación crítica, sobre todo con nervios y ansiedad, estemos en contacto con la naturaleza. Yo diría, más específicamente, entre los árboles. Y que respiremos profundo. Después de todo, los árboles saben de ciclos de vida, muerte y renacimiento. Las hojas caen en otoño, son absorbidas por la tierra, eso se convierte en abono y, con el tiempo, florecen. Estos mismos ciclos atravesamos los seres humanos. En las mujeres y personas menstruantes, esto es muy evidente porque atravesamos las cuatro estaciones a lo largo del ciclo menstrual. Pero bueno, entre la educación positivista donde los seres humanos son la máxima creación de este mundo y el tabú de menstruar, olvidamos que esos ciclos también nos atraviesan. Por eso a veces estamos felices, con pilas, otras veces, un toque tristes y melancólicas. A veces tenemos razones concretas y a veces no, simplemente es el devenir de los ciclos que también viven en nosotras. Y en los árboles y la naturaleza. 

Cuando estoy en una, miro a los árboles y les pido consejos. Estar entre los árboles me baja la ansiedad y el ruido mental. Y si me calmo aún más, puedo sentir que ellos me hablan. Por supuesto, también podés abrazar árboles. Yo no suelo hacerlo, pero sí me acerco a ellos y los observo. Busco sentirlos. Esto es algo que busco desde que soy muy chica, por haber pasado mucho tiempo de mi vida en Rincón, en la provincia de Santa Fe, entre los árboles, a la hora de la siesta.

Jean Shinoda Bolen en su libro Sabia como un árbol dice que hay personas árbol y personas no árbol. O sea, personas que ven a los árboles y se sienten en casa. Como los seres humanos que buscaban refugio y alimento debajo de los árboles hace muchísimos años; como las personas que se enojan y se entristecen cuando mutilan o talan los árboles; como quienes se encadenan a los árboles para que no sean talados; como quienes están haciendo un trabajo de reforestación con árboles nativos. Las personas árbol saben, sabemos, que cuando estamos frente a un árbol estamos en presencia de lo sagrado. Y las personas no árbol son las que piensan que los árboles son cosas, que lo más importante es aumentar el Producto Bruto Interno y si necesitamos talar todos los árboles para que eso suceda, y bueno, serán los costos que habrá que pagar. Claramente el intendente de Paraná es una persona a la que los árboles le chupan un huevo, porque tala una arboleda para hacer un negociado y lo mismo a Larreta, que contrató una empresa para podar árboles pero lo que hace es mutilarlos. Total, después podemos volver a plantar (si es que algún día lo hacen). Dicho sea de paso, un árbol viejo absorbe una cantidad muchísimo mayor de dióxido de carbono que un árbol joven, por eso son fundamentales. Más allá del simbolismo de los árboles, ellos cumplen un rol fundamental en la producción de lluvias, la absorción de lluvias, siendo hogar de distintas especies, generando oxígeno. 

Les dejo lecturas recomendadas: Sabia como un árbol de Jean Shinoda Bolen y La vida de las plantas de Emanuele Coccia. 

Bueno, querides seres del bosque, hadas, ninfas, duendes y druidas, hasta acá llegamos por hoy. Gracias por estar ahí y compartir este capítulo en sus redes sociales. Un abrazo grande.