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Por Lu Gaitán

Creo que muchas veces usamos la astrología como un placebo para no sufrir, ante una realidad que duele e incomoda por todos lados. Podemos usar la astrología y cualquier otra rama del mundo esotérico como una forma de desconectarnos de la propia psiquis y del colectivo del que formamos parte. ¿A qué me refiero con desconectar de la propia psiquis? “Estoy deprimida” y digo que es porque tengo mucha agua en mi carta. Ahí no me estoy haciendo cargo de lo que me pasa. Esta es una lectura simplificada, pero de ese modo estoy olvidando que cada indicador astrológico puede ser leído y vivido de muchas maneras. El agua puede ser el desborde emocional, pero también puede ser una gran sensibilidad artística o una gran empatía. ¿De qué depende si es uno u otro? Dependerá del momento de la vida, del contexto social y del trabajo que cada persona haga.

¿Y por qué nos encontramos ahora con esta forma de abordar la astrología siendo que la astrología y todo lo esotérico tienen miles de años? Lo específico de este momento es que estos conocimientos se hicieron masivos y, para ello, debieron simplificarse para llegar a mucha gente en un contexto donde tenemos una crisis de sentido muy profunda, sobre todo en el Occidente secular. No me parece casual que la astrología y lo esotérico tengan tanto impacto entre millennials y centennials, dos generaciones que son antirreligiosas pero tienen una necesidad muy grande de acceder al mundo de lo sutil, además de un gran compromiso con los feminismos, los movimientos de la disidencia sexual y el ambientalismo. ¿Por qué circulan versiones tan simplificadas de la astrología y lo esotérico teniendo en cuenta que son conocimientos muy complejos? Por la masividad, y esto es algo que sucede con todos los conocimientos que buscan ser difundidos a gran escala. ¿Es lo mismo la psicología que la autoayuda? ¿Es lo mismo el deporte de alto rendimiento que el picadito que juegan las pibas un jueves a la noche después de tomarse unas birras? Obvio que no. Con la astrología y lo esotérico pasa algo parecido. Entonces, ¿”está mal” que la astrología y el esoterismo sean divulgados masivamente? De ningún modo, solo que corremos el riesgo de tomar la parte por el todo.

Pero ojo, porque la astrología y lo esotérico pueden ser aliados del neoliberalismo. ¿Cómo sería eso? Si ponemos demasiado foco en el deseo individual, pero olvidamos que formamos parte de una sociedad y un contexto de época donde no tenemos las mismas posibilidades de acceder a una alimentación saludable, ni al conocimiento, ni a la vivienda, si insistimos demasiado en no meternos en ninguna grieta, pero este mundo está sufriendo una crisis ecológica sin precedentes, donde además las mujeres y disidencias sexuales somos violentadxs permanentemente, donde unx de cada dos niñes está debajo de la línea de la pobreza en Argentina, pero seguimos creyendo que el cambio va a llegar solo desde la autoobservación, el autoanálisis y la autorreflexión, entonces estamos siendo aliadxs de este sistema desigual y absolutamente cruel. Cada vez que escucho algo parecido, en mi cabeza aparece esa frase que dice: “Si elegís ser neutral en situaciones de injusticia, entonces estás eligiendo el lado del opresor”.

Es cierto, no hace falta que nos subamos a todas las grietas y, si lo hacemos, corremos el riesgo de nublar nuestra capacidad de análisis, pero creo que en el circuito esotérico tendemos al exceso de neutralidad y eso es muy funcional a este sistema. ¿Esto quiere decir que “está mal” hacerse preguntas sobre unx mismx? Obvio que no, pero no es la única forma y corremos el riesgo de entrar en un registro narcisista de “yo y mi carta natal”, “yo y mis problemas de autoestima”, “yo y mis problemas vinculares”, “yo y la situación de violencia que viví con mi ex”, “yo y mis problemas laborales”. Esta indagación tiene todo el sentido del mundo y es necesaria, pero no es la única. Porque la carta natal habla de dilemas humanos, entonces, tus problemas de autoestima no son una expresión aislada, sino que responden a modelos de belleza hegemónicos que sobre todo recaen en las mujeres y disidencias sexuales y no son solo porque Venus está en cuadratura a Quirón; tus problemas vinculares responden a una transformación de paradigmas vinculares que son propios de las ciudades grandes de Occidente y no son solamente porque tenés a Urano en casa 7; la violencia en los vínculos sexoafectivos no se reduce a la conjunción entre Venus y Marte de tu carta natal, sino que hablan de los vínculos sexoafectivos en el patriarcado; tus problemas en el laburo no son solamente porque tenés a Plutón en casa 6, sino que se inscriben en el marco de la flexibilización y precarización laboral.

Y, entonces, la carta natal y la astrología ¿para qué sirven? Sirven para repensarnos y cuestionarnos cómo funcionamos tanto a nivel individual como colectivo y, de ese modo, acercarnos al desarrollo de nuestra singularidad. Y voy a insistir con esto: las posiciones astrológicas no son leídas de una sola manera. Son símbolos y los símbolos son polisémicos, o sea que tienen múltiples niveles de interpretación. Entonces, la cuadratura de Venus y Quirón puede dar problemas de autoestima, pero también puede traer el encuentro en la belleza de lo que soy, aunque mi cuerpo no responda a los modelos de belleza hegemónicos; Urano en casa 7 puede manifestarse como libertad y autonomía de los miembros de una relación (o varias) y así.

¿Con la astrología vamos a tener respuestas cerradas? ¿Características de personalidad fijas e inamovibles? No, es mucho más que eso. Podemos encontrar algunas respuestas y explorar algunas formas, pero lo esotérico no cierra sino que abre, no da garantías ni certezas absolutas. El individuo no es un ser aislado y el colectivo, no es una masa uniforme de personas, hay individuos en búsqueda de su singularidad. Ahí entran otras formas de hacer astrología, las que incluyen variables sociales a la hora de hacer análisis, las que cuestionan las formas de vincularnos no solo partiendo desde la carta natal, sino en las formas que los vínculos toman en el patriarcado, donde no es igual ser varón que ser mujer, ni tampoco es igual ser mujer que ser trans, ni tampoco es igual ser mujer cis blanca que ser mujer cis negra y sin recursos económicos. Por eso creo que necesitamos cuestionarnos algunas formas de hacer astrología y de vincularnos con ella. Creer que la astrología es una diversión es bastante limitado, pero tiene que ver con que la astrología se ha convertido en un objeto más de la sociedad de consumo en la que vivimos. Lo mismo sucede con los feminismos y la ecología: remeras, buzos y banalización de consignas para hacer lo que tenemos ganas, pero con la conciencia tranquila porque nos declaramos feministas y sustentables. Con la espiritualidad puede pasar algo parecido. ¿Esto es culpa de la astrología, del feminismo, del veganismo o del colectivo LGTTBIQ+? Más bien creo que se trata de una lógica de este sistema que es muy astuto a la hora de tomar expresiones disidentes y convertirlas en productos para ser vendidos en las góndolas del supermercado. Productos empaquetados y de consumo fácil que no generen demasiada incomodidad ni demasiado cuestionamiento a las bases de este sistema. ¿Entonces qué hacemos? ¿Nos bajamos de todo, solo porque termina pasando esto y entramos en una lógica nihilista? Tampoco creo que sea por ahí, pero sí tenemos que estar atentxs.

Por otro lado, me parece importante mencionar que esoterismo y ciencia no necesariamente tienen que estar enfrentados. Pueden encontrarse de algún modo. No solo con los ejemplos que les mencionaba antes de psicología y ciencias sociales sino también en lo que refiere al cuidado de la salud. Podemos hacer una interpretación simbólica de los síntomas o las enfermedades que tenemos, pero eso no quita que tratemos las dolencias con tratamientos médicos específicos. Después podemos cuestionar cuáles son las formas que adquieren esas medicinas y cómo fueron pensadas, pero creo que eso da para largo y tampoco es mi especialidad. Así que, hoy, lo dejamos acá.