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Promising Young Woman: algo más que la historia de una venganza

Por Juli Fantini

Esta reseña contiene spoilers de la totalidad de la trama de la película.

Lo central, Mujer joven prometedora aún no se estrenó ni en plataformas ni en el cable, solo puede verse a través de métodos alternativos. Una vez superada esta cuestión de acceso al contenido, la recomendación es no perderse esta audaz apuesta que abre tantas preguntas vinculadas tanto a los debates en torno al punitivismo, como a la violencia de género. Lo que difícilmente deje indiferente a quien la mire. 

Antes de contar de qué se trata, el protagónico de Carey Mulligan merece unos párrafos dada su dilatada carrera, sus puntos altos y este papel, Casandra, que la consagra como lo que ya había insinuado con vehemencia años atrás. 

La actriz británica descolló con su interpretación en An Education, la película de 2009 en la que le daba vida a una joven de 16 años que se involucra con un hombre de 35. Le valió varias nominaciones como mejor actriz, incluida el Oscar, en una estupenda película sobre las relaciones de poder entre géneros. Otro rol que colocó a Mulligan en lo más alto fue una serie emitida en Netflix llamada Collateral (2018). En esta miniserie, la actriz es una detective embarazada que investiga un extraño tiroteo que resultó en la muerte de un repartidor de pizza, quien esconde varios dramas personales, pero también da cuenta de la problemática vida de los inmigrantes en el Londres contemporáneo. Por último, el 29 llega a la misma plataforma La Excavación que protagoniza junto a Ralph Fiennes y Lily James, y se mete con un hecho histórico: la excavación de Sutton Hoo en 1938, cuando el mundo se preparaba para la guerra. 

En el mientras tanto, aparece esta película audaz e inquietante que puede vincularse de manera directa con I May Destroy You —la serie de HBO— pero toma un camino claramente distinto. Carey Mulligan es Casandra, y no es casual el nombre, la homónima del mito griego es una sacerdotisa con el don de la predicción quien, cuando se niega a entregarse a Apolo, este no le quita la habilidad, pero la maldice con que nadie le crea lo que predice.

La directora de Promising Young Woman es la británica Emerald Fennell, y seguramente muchos la identificarán por su papel de Camila Shand en The Crown o como la showrunner de la segunda temporada de Killing Eve. Fennell, en su debut detrás de cámaras para el cine, le dijo a la revista Vogue que su propósito con PYW es contar un cuento de hadas cómico y oscuro: “Quería escribir una película sobre una venganza de una mujer real”, contrariamente a lo que pasa en general con este subgénero. Para ello, se basa en un estilismo muy particular tanto en la paleta de colores pasteles usada, como la casa rococó y extravagante de los padres de Casandra (Cassie, en la película) donde aún vive, así como en el vestuario del personaje de Mulligan, quien de día parece una angelical maestra de pre jardín mientras que de noche va mutando en personajes que puedan disparar las fantasías de sus “víctimas”.

Sucede que PYW cuenta, en principio, la historia de una mujer que en sus 30 se ha transformado en una vengadora de la memoria de su amiga, violada durante el tiempo en que cursaron juntas medicina, luego se suicidó. Estos hechos ponen en pausa la vida de Cassie que se embarca en un plan que arranca por potenciales abusadores cazados de manera random hasta llegar a quienes fueron parte de la violación y desestimación de la denuncia de su amiga.

Los tres momentos de la película: planteo del conflicto y comedia romántica, abandono del plan y decepción, y venganza final, de este “cuento de hadas del #MeToo” como dijo su directora también, la acercan a Hard Candy, film donde Ellen Page emprende una represalia similar, aunque con un pedófilo. Sin embargo, la empresa de Cassie es mucho más grande. El cuaderno en el que anota a sus vendettas nocturnas tiene muchísimos “palitos”, y nunca sabemos qué le hace a quienes intentan abusar de ella mientras finge una borrachera irremontable, aunque se puede intuir dado el final. 

Así y todo, más allá de la empatía que genera Cassie y el final redentor, PYW abre muchas preguntas sobre el punitivismo, la justicia por mano propia, los escraches o las amenazas de, y, fundamentalmente, cuestiona el funcionamiento de la justicia, tanto en las instituciones escolares como del estado. En este último caso, el dinero la oculta, la culpa la expone y el arrepentimiento hace que llegue con un costo demasiado alto: la muerte de las dos amigas.

Impresiona la recreación de los lugares comunes de quienes fueron partícipes o cómplices por lo verosímil: las excusas van desde el “éramos muy jóvenes”, pasando por “la acusación, si era falsa, le arruinaba la vida a un chico con todo por delante”, hasta “pasaba todo el tiempo, era parte del descontrol universitario”. 

Más allá del extremo en el que se apoya esta enseñanza moral, la oscuridad de Promising Young Woman y su coqueteo con la comedia, por más que sea un dramón, construye —gracias a Mulligan— un retrato conmovedor de los dolores que nunca ceden. 

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