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Predicciones

Por Lu Gaitán

Hola, beibis, ¿cómo les va? Hoy quiero hablarles sobre las predicciones en astrología. Podríamos decir que esta es una de las grietas más fuertes en esta disciplina. 

De un modo muy binario y simplista, pensemos que, por un lado, están quienes creen que la astrología es en esencia predictiva. ¿Por qué dicen esto? Porque podemos predecir cuáles van a ser los tránsitos de aquí al 2080, y lo podemos hacer con una aplicación, un software, o bien, consultando las efemérides astrológicas. ¿Qué son las efemérides? Un librito que usamos quienes nos dedicamos a la astrología, donde podemos ver los tránsitos, o sea, los movimientos del cielo astrológico en la fecha que queramos. 

Ahora, ¿cuál es el problema con esto, desde mi perspectiva? La cuestión es que cada indicador astrológico puede significar muchas cosas. De esto les hablé en otros capítulos de Bruji Pop, como “Individualismo y espiritualidad” o “Esoterismo crítico”. Entonces, yo, como astróloga, ¿cómo puedo saber si los tránsitos actuales de Saturno y Júpiter en Acuario van a significar que, para las personas que tienen energía de Acuario, finalmente concreten las ideas que tienen hace muchísimo tiempo o se van a sentir frustradas por la dificultad que implica poner manos a la obra? Eso no lo puedo saber de antemano. Muchísimo menos si no contextualizo y no veo en qué situación está ese consultante. Si vivió toda su vida como el arquetipo del loco, teniendo comportamientos erráticos que no lo llevan a ningún lado; o si el consultante tal vez responde al arquetipo del artista disruptivo que está buscando innovar en lo que hace pero trabaja sostenidamente en lo suyo. Entonces, siguiendo este ejemplo, el tránsito de Saturno y Júpiter en Acuario, para el consultante que responde al arquetipo del loco, puede significar un momento de muchísima restricción y frustración y la sensación de que el mundo está en contra suyo, mientras que para la persona que trabaja arduamente, puede ser un momento de muchísimo crecimiento.

La predicción puede hacerse desde la abstracción total: “el 15 de enero del 2021, Saturno y Júpiter en Acuario van a tocar tu Mercurio en Acuario”, y lo sabemos porque las efemérides lo dicen, pero lo que no sabemos es qué significa ese tránsito, a menos que contextualicemos. Y cuando contextualizamos, nos acercamos más al polo opuesto de la astrología predictiva clásica, pura y dura. 

¿Cuál es el otro polo? El de la astrología humanística. Esa que le da una mayor importancia a la comprensión simbólica de nuestras vidas. Desde esta perspectiva, el deseo de saber qué va a pasar, o sea, hacer predicciones, parte de un miedo mamífero antiguo por la supervivencia. Tenemos miedo a la vida y queremos que la vida responda a nuestros deseos, por eso queremos saber qué va a pasar en el futuro. 

¿Voy a conseguir trabajo?

¿Voy a enamorarme este verano?

¿Voy a ganar esa beca? 

Todas estas preguntas, para la astrología humanística, sirven para entender la naturaleza de nuestros deseos y quién está al mando de nuestra psiquis. Siguiendo los interrogantes que puse como ejemplo, es mi deseo saturnino de lograr estabilidad económica el que busca saber si voy a conseguir trabajo; es mi anhelo venusino de vincularme el que quiere saber si voy a tener buenas noticias en el amor; es mi lado jupiteriano que busca la expansión mental el que pregunta sobre la beca. Entonces, desde esta perspectiva astrológica, no importa si estos deseos se satisfacen o no, lo que importa es lo que está consciente y lo que está inconsciente. Ahí radica la riqueza de la astrología. Si los deseos se satisfacen, es porque tenemos en conciencia la mayor parte de nuestra carta; mientras que si nuestros deseos se frustran, es porque hubo algo que estuvo boicoteando desde el inconsciente. Por eso las cosas no suceden. Entonces, la consulta con el astrologue de confianza sirve para descubrir qué es lo que está inconsciente que no deja que las cosas sucedan como una parte de mí quiere. De ahí que la consulta astrológica tenga algo terapéutico, porque nos lleva al encuentro con lo que no podemos ver, con lo que está en sombra, con lo que está inconsciente. ¿Me seguís hasta acá? 

Pero, ¿qué pasa cuando hacemos astrología mundana, o sea, astrología de cuestiones colectivas? Esta es la astrología más antigua, la que se ocupaba de las sequías, las cosechas, las guerras, las pestes y las muertes de los reyes, antes de que vinieran la Ilustración y el Positivismo, antes de que la astrología se hiciera un producto de consumo masivo como el Horóscopo Solar que salió en diarios, revistas, radios y televisión durante el siglo XX, y antes de que fuera la astrología de memes de redes sociales que conocemos hoy. Esta astrología, la de cuestiones colectivas, es la menos difundida en estos momentos, aunque sabemos que Hitler le dio mucha importancia a la hora de tomar decisiones y que países como Tailandia, Myanmar y los padres fundadores de Estados Unidos eligieron fecha de declaración de la independencia según el cielo astrológico. 

¿Por qué esta astrología no tiene tanta difusión? Yo creo que por varias razones. La primera es que la astrología creció mucho cuando se unió a la psicología e incorporó la noción de consciente e inconsciente individual y colectivo durante el siglo XX. Esto no pasó con la astrología mundana, o sea, la que trata sobre cuestiones de este mundo: economía, sociedad, gobiernos, etc. Aún, y creo que “aún” es la palabra clave porque cada vez hay más cientistas sociales interesades en la astrología y esta es la clave para que la astrología mundana crezca. La segunda razón es socio histórica: si bien la astrología es un saber disidente, en tanto no forma parte de las instituciones que determinan qué es ciencia y qué no, durante mucho tiempo estuvo asociada a los centros de poder y quedó lejos de aquellos que cuestionaron al capitalismo. Para el marxismo, la religión es el opio de los pueblos y, si bien la astrología no es una religión, tampoco es un saber científico. A eso se suma que la astrología, durante el siglo XX, se convirtió, por un lado, en un entretenimiento de medios de comunicación, y, en sus versiones más serias, hizo demasiado hincapié en la consulta y los procesos individuales, donde los movimientos colectivos, desde esta perspectiva, solo van al cuestionamiento de las formas pero nunca transforman el contenido, es decir, la conciencia de los individuos. Así, siguiendo con esta lógica, los cambios son externos, pero no cambia nada de fondo. Obvio que no estoy de acuerdo con esto, principalmente porque el ecofeminismo busca la transformación total de los individuos y las comunidades. No solo se trata de deconstruir y cuestionarlo todo, también hay que pensar formas nuevas de hacer. Y, sobre todo, hacer.

Voy a ir cerrando la idea del capítulo de hoy con una frase que encontré hace poco de Richard Buckminster Fuller que dice: “La mejor manera de predecir el futuro es diseñándolo”. ¿Por qué me llamó la atención? Porque creo que cuando se trata de astrología mundana caemos muy fácilmente en el análisis de la carta natal de un país o de aquellos que gobiernan. No digo que no sea importante, digo que hay más que eso. Que los tránsitos astrológicos también pueden servirnos para predecir un clima energético, igual que cuando decimos que va a llover o que a fines de marzo empieza el otoño en el hemisferio sur y que podemos pensar qué hacer o hacia dónde ir en función de esa información. 

El 2021 es un año hiper acuariano y es fundamental que estemos organizades, que salgamos del aislamiento individualista, que empecemos a crear otras formas de vivir mientras este sistema está colapsando. Que igual que vamos a terapia para sentirnos mejor, podemos militar los cambios que queremos y trabajar para que eso suceda, aunque el camino no sea lineal ni sencillo y aunque la vida no vaya a responder a nuestros deseos ecofeministas, pero tenemos que saber que estamos en ese clima astrológico, el que nos lleva a pensar y hacer nuevos modos de vivir. 

Feliz 2021. Les quiero. 

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