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Lovecraft Country: Stranger Things para adultos

Por Julieta Fantini

(La siguiente reseña tiene leves spoilers del primer capítulo de la serie)

Lovecraft Country, el estreno del pasado domingo 16 de agosto en HBO, supera ampliamente lo que mostraron sus adelantos y bastó el primer capítulo para que den ganas de que dure algo más que los 10 confirmados.

El título de la serie podría traducirse como “Territorio Lovecraft” y, sí, hace referencia al escritor H. P. Lovecraft, célebre por sus historias de terror –en realidad, del subgénero de la weird fiction– así como por su racismo explícito, que fue objeto de un gran debate en Estados Unidos en los últimos años.

Parte de esa discusión fue el libro que inspira la serie, una novela de Matt Ruff que se propone rescatar el legado de Lovecraft, al mismo tiempo que repudiar su ideología. ¿Complicado? La serie, al menos en sus comienzos, lo logra.

Sin necesidad de cancelar al escritor, Lovecraft Country (en adelante, LC) hace un genuino trabajo de deconstrucción, utilizando elementos del universo narrativo del creador de La llamada de Cthulhu, subvirtiendo ciertas premisas y explicitando el complejo legado de uno de los más influyentes autores del género del siglo pasado.

¿De qué se trata? Cualquier sinopsis resulta injusta con las múltiples líneas abiertas en el capítulo piloto. La serie sigue el recorrido de un joven negro veterano de Corea que viaja a través de los Estados Unidos en la búsqueda de su padre desaparecido, en compañía de su tío George y una amiga fotógrafa, Letitia. Atticus Black, “Tic”, no es un héroe cualquiera, sino uno que lee. La primera escena del piloto muestra un sueño en el que Tic sublima lecturas de ciencia ficción que lleva consigo a todos lados.

Son los años 50 y rigen las leyes Jim Crow, aquellas que aún avergüenzan al país del norte y cuya cercanía en el tiempo explica, en parte, el grave problema racial que vive esa sociedad. La segregación es uno de los monstruos a los que se enfrentará el trío, pero también hay de los otros; si no, el apelativo de Lovecraft no tendría sentido.

Terror antirracista. Así podría clasificarse a la serie, también como un terror apto para miedosos, más soft que otras expresiones gore del cine de las últimas dos décadas y, por supuesto, pulp, por el tipo de literatura de revistas que evoca y la estética que se cuela en ciertos pasajes.

Con algunos capítulos dirigidos y guionados por el enorme Jordan Peele –que también produce junto a J. J. Abrams (Lost) y otros–, LC es un claro mojón más en la carrera de este actor devenido en director con la película por la que se llevó un Oscar a mejor guion: Get Out (Huye).

Peele es, genuinamente, una de las voces más interesantes de la narrativa mainstream actual, no solo por el film mencionado, sino también por Us (Nosotros) y por la versión contemporánea de The Twilight Zone que, si bien es despareja en su rendimiento, tiene grandes capítulos en los que actualiza los temores del inconsciente colectivo contemporáneo, sin perder la marca de la original.

Pero volviendo a LC, quienes hayan visto Green Book: una amistad sin fronteras, notarán de inmediato que la guía que escribe el tío de Tic es una versión ficcional de aquel panfleto que se distribuía entre la comunidad negra, en el que marcaban los lugares seguros para transitar y parar durante los viajes. Hasta ahí, las similitudes, porque todo lo que hace mal Green Book, desde el punto de vista paternalista del salvador blanco interpretado por Viggo Mortensen, en LC, no tiene lugar.

Sí puede ubicarse en el camino de Watchmen, otra serie de HBO que se toma en serio la cuestión racial y no duda en poner en primer plano a una heroína negra que no precisa de una persona blanca que le salve el día.

Legado. Al mismo tiempo, LC se presenta como un pastiche de la iconografía de los géneros fantástico y de terror, que en parte ni siquiera existía en el momento en que transcurre la historia, aunque esto no incomoda. Por el contrario, esas anacronías –también presentes en la banda sonora– coinciden con la intención de separar el horror de la realidad, aunque no haya nada de ficcional en la brutal discriminación que sufrían, y sufren, las personas negras en la tierra de Donald Trump. Sucede que el fantástico sirve para acentuar el drama; este recurso es bien conocido incluso por aquellos que no leyeron a Lovecraft, porque sus influencias son palpables en producciones recientes como True Detective.

Que Lovecraft haya sido calificado como un supremacista blanco y antisemita –lo que quedó en evidencia en su correspondencia con amigos y por referencias tanto veladas como explícitas en sus historias– no amedrentó a los creadores de la serie ni los impulsó a seguir esa máxima de separar a la obra del artista. Por el contrario, obra y artista son parte de la narrativa, aun con sus expresiones más crueles de desprecio hacia las minorías.

Incluso es Tic quien lo explicita, cuando su tío cuestiona un libro de Lovecraft: “Las historias son como personas. El autor no las hace perfectas, solo intentas apreciarlas, pasando por alto sus defectos”.Monstruos, monstruos, monstruos. La iconografía del escritor está presente en todo momento, aunque la serie no exige ser un experto en Lovecraft; ni siquiera es necesario haber leído un libro del autor para disfrutarla. Es que estos héroes se topan con monstruos con forma de policías y también con los otros, de tentáculos y múltiples ojos, aterradores pero no tanto, ya que el trío protagonista de esta serie de ruta está acostumbrado a lidiar con todo tipo de ofensas en la vida cotidiana, de las que no pueden escapar.

Como pasaba con Lost, la literatura se cuela por doquier, por lo que lo monstruoso se eleva del sencillo impacto inicial, para revelarse como una experiencia metatextual: más que asustarnos por lo que vemos, pensamos dónde lo vimos antes y a qué hace referencia. Incluso, es una cita literaria la que les da la idea para vencer a los primeros seres sobrenaturales que los acorralan. “Los niños de la noche… Qué música hacen”, recita George y evoca una de las frases más conocidas de Drácula. Y es justamente el uso de la luz, que funciona contra los vampiros, los que les sirve para disuadir a las criaturas que los atacan.

Lovecraft Country es un homenaje y un repudio, una Stranger Things para adultos, con más capas de sentido que la serie de Netflix, así como un remix al estilo Watchmen, que se ocupa de cuestiones sociopolíticas actuales, con un marco de ciencia ficción que la hace disfrutable, al menos en su capítulo debut. Ojalá mantenga el ritmo en los nueve que faltan.

Lovecraft Country se emite en HBO los domingos a las 22. También se encuentra en www.hbogola.com.

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