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La imposibilidad de una isla

Por Julieta Fantini

El pasado lunes 14 de septiembre, HBO estrenó de manera simultánea en casi todo el mundo dos series que, de alguna manera, pueden equiparar su clima a los tiempos pandémicos. Llegaron los primeros capítulos de The Third Day, con Jude Law (The Young Pope) y Emily Watson (Chernobyl), y We Are Who We Are, la primera serie de Luca Guadagnino, el director de la celebrada película Call me by your name. 

Si bien estos dramas no tienen prácticamente nada en común en sus narrativas, abordan las problemáticas de dos recién llegados a lugares que les son, al menos en principio, hostiles, y con dinámicas propias de las famosas burbujas sociales que aparecen como alternativas para seguir la vida en comunidad frente al avance del coronavirus. Las escenas de The Third Day se desarrollan en una isla británica, mientras que las de We Are Who We Are, en una base militar estadounidense en Italia. Hasta ahí, las similitudes. 

El primero de los tres días. El capítulo piloto de The Third Day presenta a un hombre atribulado (Law) que en un paisaje rural se encuentra con una joven a punto de ahorcarse frente a la presencia de un niño. La chica es rescatada y el niño desaparece. Se ofrece a acercarla a su casa y, así, llega a la isla, que será el escenario no solo de este capítulo, sino de los que vienen, como un personaje en sí mismo. 

Como suele ocurrir en este tipo de relatos, la pequeña población de 93 habitantes es de una extravagancia que anuncia el desastre. La latencia de las tensiones por las características de sus habitantes y sus prácticas y hábitos se percibe desde el primer segundo en el que el forastero pone un pie en tierra al bajar de su auto y se entera de que se cortarán las comunicaciones durante algunos días por una fiesta que tendrá lugar en la isla. 

El creador de The Third Day es Dennis Kelly, conocido por una serie genuinamente de culto inglesa llamada Utopía, que tuvo dos temporadas entre 2013 y 2014, y ahora tendrá un remake de la mano de Amazon Prime Video.  

La miniserie se desarrollará en seis episodios y consta de dos partes: la primera, protagonizada por Jude Law, se titula “Verano”, y luego llega “Invierno”, con Naomi Harris (Moonlight) como protagonista. Sin embargo, en el medio, los creadores apuestan a una propuesta innovadora: habrá un tercer capítulo –en realidad, segundo, siguiendo la cronología de la historia– que se emitirá en vivo, durante 12 horas. Este episodio adicional se rodará en Londres y se transmitirá en simultáneo el 12 de octubre.

El tono de The Third Day recuerda a la película de terror Midsommar. De alguna manera, repite la fórmula de los recién llegados a una comunidad cerrada, con rituales que, se deduce, no pronostican un buen final para los protagonistas; también replica sus tonos saturados y su estilizada fotografía. Los límites entre lo real y lo mágico, potenciados por las creencias, se desdibujan en la película; habrá que ver qué sucede con la serie. Lo cierto es que los traumas individuales y la ritualidad obsesiva de la vida en comunidad se entrelazan con las claves de los relatos de terror, tanto en Midsommar como en la serie, para dar cuenta de una historia vista en varias oportunidades, pero que no deja de resultar atractiva. 

Hay una imagen en particular que sintetiza perfectamente la opresión de esa tensión: a la isla de Osea se accede por un pequeño camino (no hay puentes –o aún no se mostraron–) que queda inhabilitado cuando sube la marea. El plano aéreo de ese camino que desaparece por el agua indica más que los diálogos que establece el protagonista cuando conoce a los habitantes de la isla. 

Resulta difícil juzgar una serie solo por su capítulo inicial. Sin embargo, de lo que no quedan dudas es de la potencia interpretativa de Jude Law. El actor británico transmite con sutilezas las tribulaciones de un drama personal del que poco se conoce, y la perplejidad ante el inesperado paisaje en el que, de repente, se encuentra atrapado cuando interrumpe su viaje a algún lugar.  

Los secretos en el piloto aún no se exponen, pero un espectador entrenado sospecha absolutamente de todos. Así y todo, como sucede con la mayoría de las series que estrenó HBO en los últimos tiempos, desde el primer minuto se expone un subtexto, para el cual el clima ominoso de la narrativa sirve de excusa. En este caso, el de un hombre, padre de tres, que carga un trauma y algunos problemas económicos que lo tienen muy molesto. La llegada a la isla veremos si lo redimirá o lo terminará de hundir. Todo se inclina por la segunda opción.  

Somos lo que somos. We are who we are está protagonizada por el joven Jack Dylan Grazer (Eddie de la última It, Capítulo 2) en un papel que evoca de manera directa al de Timothée Chalamet en Call Me By Your Name, la película que puso a Luca Guadagnino en la mira de todo el mundo. 

El abúlico adolescente obligado por las labores de sus padres, madres en el caso de la serie, a vivir un tiempo en Italia es el tópico que se repite, aunque en la película el ambiente sea el de intelectuales, mientras que en la serie es el ejército de los EE. UU. en una fecha muy peculiar: el verano previo al triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016.

Fraser es un típico snob neoyorquino de 14 años que se muda junto a sus madres, las dos militares, una de alto rango, a Veneto. La exploración de la base, sus alrededores y sus habitantes son el tema del piloto. Con la misma inconstancia y vaguedad de la adolescencia, los creadores eligen contar esa primera exploración de un lugar tan ajeno a la mayoría de las personas. Pero, al menos al principio, We are who we are no se ocupa de la vida militar en sí, sino de mostrarnos a los personajes y su compleja red de relaciones. Aparece, así, Caitlin, una chica por quien Fraser se siente atraído de manera inmediata y que lleva un tiempo viviendo en la base. Desde la primera mirada que cruzan se establece que la historia entre los dos será el tema de los 8 capítulos de We Are Who We Are, sobre todo en lo que tiene que ver con la identidad sexual, en formación y explícitamente fluida. 

Está claro que la serie es un coming on age, es decir un cuento de iniciación, cuya particularidad es que ocurre en una forzada recreación de la vida estadounidense, la base militar, en una Italia que la integra, y no tanto, en un verano. Las dinámicas con los lugareños son otro punto alto de la serie. También es una historia sobre lo que suele ocurrir en el verano, la vitalidad adolescente se potencia en la estación más calurosa para que, entre el aburrimiento y el despertar sexual, pasen cosas. 

La serie va lento, tal vez al ritmo producto del letargo del jet lag del largo vuelo hacia Veneto, y la banda sonora no subraya absolutamente nada; seguimos el pulso de las acciones a través de lo que suena en los auriculares de Fraser, la radio del auto o la música que sale desde una casa. 

We are who we are es, en su comienzo, un fresco que promete contar una buena historia adolescente, lejos de los sermones en los que suelen construirse las series del tipo, y dispuesta a resumir un clima de época en los últimos meses antes de que EE. UU. sucumba a la delirante presidencia de Trump. 

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