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El colapso: un apocalipsis realista

Por Juli Fantini

Esta reseña no contiene spoilers.

En Flow —emitida por el canal AMC desde el lunes 8 de febrero de 2021, disponible on demand desde el martes 9 — estará disponible El Colapso, una serie francesa creada por el colectivo de cineastas franceses Les Parasites. No se parece a nada: ni a Black Mirror ni Years And Years —dos series distópicas muy populares en los últimos tiempos— y mucho menos a alguna de las decenas de películas de Hollywood que se meten con el fin de la humanidad. 

La peculiaridad de la creación es su formato de antología: cada capítulo se ocupa de una historia en particular. Su brevedad, ocho capítulos de entre 15 y 20 minutos filmados en planos secuencia, permite adoptar con realismo el punto de vista de cada una de las personas que transitan el colapso del sistema, nada más y nada menos.

El conflicto que aúna las historias contadas y fragmentadas es el caos generado, porque se cayó literalmente el abastecimiento de todos los bienes y servicios en Francia —y se supone también en el mundo—, lo que genera distintas variantes de la supervivencia en un contexto por demás hostil. 

Creada en 2019, puede evocar algo del clima de época de la pandemia, pero se diferencia porque no hay un virus que promueva la disolución del orden social, sino que estamos ante el cumplimiento de las profecías de ecologistas y ambientalistas respecto a las consecuencias del mal —y desmedido— uso de los recursos, no solo naturales, del planeta; en ese marco, las necesidades básicas desaparecen o se vuelven inalcanzables para la mayoría de las personas.

Con la duración de una película —aproximadamente 160 minutos en total—, la miniserie se inspira en la teoría de la colapsología. Básicamente, lo que dice es que la sociedad industrial tal como la conocemos se destruirá por una conjunción de circunstancias políticas, sanitarias, medioambientales y energéticas. 

Con esa premisa hecha realidad, en el primer capítulo asistimos a lo que sucede en un supermercado cuando el desabastecimiento empieza a sentirse. En los episodios que le siguen, los lazos sociales tensados entre sobrevivir o ayudar se muestran a través de otros escenarios y con distintos protagonistas; y, en la mayoría de los casos, El Colapso adopta un tono misántropo: Les Parasites no parecen tener demasiada fe en la humanidad. 

Los capítulos son, como se dijo, autoconclusivos, pero coherentes y cohesionados. Algunos, por supuesto, son mejores que otros, y el final —explicativo— sobra. Cada uno de ellos hace referencia al lugar donde sucede la acción dramática y a una fecha específica desde que ha llegado el colapso. Del mencionado súper (día dos), pasan a una estación de servicio (día cinco), le sigue el inquietante capítulo, “El aeródromo” (día seis). Luego llega “La aldea” (día 25) y “La central” (día 45). El más humanista, “La residencia” (día 50). “La isla” es el penúltimo, en conexión directa con el segundo (día 170), y concluye con un capítulo ambientado cinco días antes de la debacle titulado “La emisión”. 

Para quienes esperen encontrar una serie que se anticipó a la pandemia, no tendrán suerte. Más bien, El Colapso es un alegato antisistema que recrea algunas circunstancias miserables que vivimos durante la crisis provocada por el coronavirus, donde la supervivencia del más fuerte y el más rico se impone en un apocalipsis que se insinúa día a día en los títulos de los medios de comunicación.

Pesimista en su mensaje y técnicamente impecable, es una serie que no dejará indiferente a quien se sumerja en el visionado de esta tragedia moderna, lejana a la ciencia ficción y carente de propuestas o soluciones, porque, en ese mundo sin recursos, lo único que vale, parecen decir Les Parasites, es sobrevivir.

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