,

Descuida, yo te cuido: la corrupción del sueño americano

Por Juli Fantini

Esta reseña contiene leves spoilers.

La conexión entre el estreno de Netflix del fin de semana pasado —I Care a Lot, en inglés— y el documental Framing Britney Spears —Hulu, disponible en plataformas alternativas— es evidente. 

Mientras el relato del movimiento Free Britney que formaron los fans de la cantante en contra de la tutela legal que hace 14 años la tiene “presa” de un sistema en el cual su padre vigila cada aspecto de su vida, en la película, las víctimas son adultos mayores los abusados por el sistema. 

Este thriller con tonalidades de comedia negra es también un comentario social que se torna demasiado sentencioso en su tercer acto, aborda tanto el viejo cuento del gato y el ratón como la institucionalización de una práctica de despojo de quienes son considerados incapaces y, por lo tanto, encerrados en casas de cuidado, despojados de sus bienes y alejados de sus aparentemente inconvenientes familias. 

Además, es un cuento de cómo se triunfa en Estados Unidos: la concreción del sueño americano se visualiza bajo un manto de corrupción, aunque a través de lo que el sistema permite, sus vulnerabilidades y puntos flacos. ¿Les suena?

Marla Grayson –Rosamund Pike, Perdida– es la sociópata a quien se retrata y en cuyas manos, a través de un aceitado sistema –legal, con bemoles–, recae la tutela de esos adultos; mientras que el personaje de Peter Dinklage –Tyrion Lannister en Game Of Thrones– es el gato que la persigue luego de que Marla se mete con la anciana equivocada –Dianne Wiest, la estupenda actriz de la que hubiera sido esperable un poco más de tiempo de pantalla–. 

En el casting también se destacan las breves apariciones de Chris Messina como el abogado del personaje de Dinklage, una especie de Fernando Burlando de allá, que deslumbra.

Entre la oscuridad y la comicidad, se ve, tras un primer acto en el cual nos muestran quién es Marla y cómo trabaja, el conflicto que pone en jaque el aceitado sistema de la estafadora. 

Así, arranca un cuerpo a cuerpo entre dos malos malísimos que no son precisamente antihéroes, sino personas detestables: una delincuente de guante blanco que les succiona la vida a los adultos mayores y un capo de la mafia que tampoco tiene escrúpulos. 

La sátira se impone porque se dan situaciones de muertes seguras a las que, de manera sorprendente, sobreviven. Así y todo, la conclusión deja gusto a poco, por lo moralizante de la propuesta.

Si la naturaleza corrupta del tutelaje y de otras prácticas aceptadas por las instituciones del Estado es el eje de la crítica social; la humanidad que el director les da a sus villanos es aún más incómoda para quien mira. Porque llega un punto en el cual la protagonista usa válidos argumentos sexistas para defenderse mientras que el gánster se presenta como un hijo extremadamente preocupado por su madre.  “¿Con quién te quedás?”, interroga la película. 

“No existen las buenas personas”, dice Marla en su monólogo de presentación. Y se define como “una maldita leona”. Sus caracteres distintivos quedan en claro desde ese momento inicial. Y se sostienen hasta el final. Es decir, es una sociópata —tal como define a su madre— que recuerda al Patrick Bateman de la adaptación de la novela de Bret Easton Ellis, American Psycho, con la diferencia de que aquí se mide contra alguien de su tamaño moral, o inmoral.

Sobra durante el segundo acto una subtrama referida a unos diamantes que Marla encuentra entre las pertenencias del personaje de Dianne Wiest, así como puede reprocharse el tono aleccionador del final. Aunque, al poner el ojo en las injusticias sistémicas del capitalismo, Descuida, yo te cuido hace un buen trabajo desde el humor negro. Cuando se pone melodramática pierde potencia, pero no defrauda en entretenimiento.  

,

Grietazo

Por Nano Barbieri

No existe un freno a la voluntad del mercado distinto al del Estado. No porque sea una maravilla, sino porque es el único. Y porque, también, de tanto en tanto, corrige en favor de las mayorías. Por eso es también el foco de ataque liberal, permanente. Hasta que deciden que el mejor ataque posible es ocupar ese espacio. Carlos Saúl Menem lo hizo como ningún otro. Mauricio Macri fue su hijo predilecto.

Con el voto popular y una figura carismática que hacía uso descarado de la simpatía con las mayorías, el riojano expresidente consiguió el apoyo necesario para desarmar gran parte del sistema de protección y reparo contra el abuso mercantil que significa el Estado en todo el mundo. Fue dinamitando, con respaldo mediático y popular, al enorme dique que representaba la propiedad pública de los bienes y servicios esenciales.

En muy pocos años fueron quedando atrás la empresa pública de aviación Aerolíneas Argentinas, la telefónica ENTEL y la petrolera pública YPF, una de las más importantes empresas del país y la región. El mismo destino tuvieron los ferrocarriles, algunos bancos, empresas de energía, agua, correo y muchos otros servicios públicos. Conocemos esta historia, aunque a veces sea necesario repetirla. 

La transformación cultural fue mayúscula y habilitó, a mi criterio, los dos cambios más profundos que se dieron a partir de aquel comienzo de década y continuaron de manera ininterrumpida hasta la actualidad. Acaso dos de las privatizaciones menos renombradas: la educación inicial y secundaria (principalmente) y el espacio público. 

La ley federal de educación sancionada en 1993 trasladó a las provincias las responsabilidades y los presupuestos que derivaron en el fomento y la multiplicación de las ofertas privadas de instituciones educativas. Las escuelas públicas de gestión privada son el eufemismo más reproducido, al punto en que son, en muchas regiones del país, la única opción posible o cercana porque cumplen las funciones abandonadas por el Estado, pero sin ninguna mirada inclusiva, lógicamente. Son empresas y los criterios de ingreso se corresponden con el nivel de ingreso familiar. 

En sintonía con la expansión de las voluntades privadas y el abandono estatal de la regulación de los espacios públicos, la privatización de las ciudades fue un fenómeno sin precedentes. La liberación del uso del suelo fomentó un archipiélago de barrios-ciudad que no formaban parte ni siquiera del más explícito sueño sexual del liberalismo. Comenzaron a aparecer, uno tras otro, fragmentos de ciudades privadas con acceso restringido. Countries, barrios privados, housing, barrios en altura: pónganle el nombre que quieran. Estas opciones habitacionales forman parte hoy del más elemental sentido común, al punto de que hay en Argentina una superficie mayor a dos ciudades de Buenos Aires de ciudad privatizada. Córdoba y sus satélites son pioneros en el país. El 80 % del espacio público son las calles. En estas ciudades-barrios, ese espacio ya fue arrebatado.

Así, como frase póstuma, pienso que la principal herencia del menemismo es la destrucción de las condiciones de posibilidad de solidaridad colectiva. El menemismo como expresión cultural rompió la idea de ciudadanía que nunca más pudo recuperarse desde entonces. Los términos integradores de la política fueron reemplazados por las respuestas focalizadas, y la cotidianidad de las personas fue forzosamente fragmentada según las posibilidades adquisitivas. El encuentro de clases es una idea romántica.  

El hombre que llegó a la presidencia anunciando el salariazo acabó anticipando con maestría la idea de grieta que décadas después sería central en la política argentina. Carlos Menem es el ideólogo del Grietazo, porque clavó sobre suelo firme divisiones sociales que están sedimentadas en el sentido común y en la experiencia de vida de personas que hoy tienen ya casi treinta años, pero con una diferencia esencial: esa grieta no se salva con ninguna reunión entre las partes afectadas, ni con un gobierno de coalición, ni cantando “Color esperanza”. Esa grieta forma parte inseparable de cada uno de los argentinos y argentinas como ADN cultural, acaso como experiencia primaria de nuestra vida social.

,

Wanda Vision: el poder del trauma

Por Juli Fantini

La serie que estrenó Disney Plus hace un mes y medio —de sus poquitas novedades con relación a la propuesta de la ametralladora de estrenos, Netflix— es excelente y apta para aficionados o no al universo Marvel.

WandaVision, rara y encendida, es la historia de dos personajes algo marginales de ese grupo de superhéroes llamados Los Vengadores (Avengers), y si hay familiaridad con los cómics, no habrá problemas de entendimiento de la trama.

También puede ser que se llegue a la serie sin haber visto nada o muy poco del MCU (Universo Cinematográfico de Marvel) dado el intenso nivel de comentarios alrededor de los capítulos semanales (estrena como antes, una “vieja” práctica que se agradece). En ese caso, la plataforma armó sus propios “Te lo resumo así nomás”, llamados Legends, unos cortos promocionales donde editaron una síntesis del recorrido de Wanda y Vision en la saga.

Otra alternativa es sumergirse por primera vez o de nuevo en todas las películas de las tres fases anteriores del MCU, disponibles en Disney Plus. A la espera de más contenido para adultos, ese parece un buen plan en tiempos, para algunos, de escasa vida social. Allí también se abren dos formas de visualizar: por orden de aparición o por cronología.

Es que la plataforma que llegó en noviembre se convirtió en un espacio de rewatch. Al contar con tantos clásicos, así como con las sagas completas de Marvel y de Star Wars, por citar otro ejemplo, la tentación de volver a mirar está ahí, a un clic de distancia.

Y, si mencionamos Star Wars, es posible establecer un paralelismo entre el fenómeno The Mandalorian, que prestigió la franquicia de películas, creadas por George Lucas, y ahora propiedad de Disney, que venía de una cuestionada trilogía de cierre. Por su parte, WandaVision potenció en imaginación y rareza a esa fábrica de entretenimiento diseñada para perdurar por décadas que entró a su fase cuatro, sumando series al cánon de las películas del ya mencionado MCU.

Concluida La saga del Infinito —no habrá, por ahora, películas de Los Vengadores—, no era el plan del conglomerado mediático inaugurar la nueva fase con esta serie, pero la pandemia los hizo trasladar los estrenos de las películas hacia más adelante. Así que decidieron salir con la que tenían a disposición. Por lo que se dijo, hay una sola temporada, y lo que se viene en lo inmediato es la serie The Falcon and The Winter Soldier (23 de marzo).

A partir de ahora, algunos leves spoilers de los primeros cinco capítulos emitidos.

WandaVision llega cuando Marvel parecía haberse autofagocitado con tanto despliegue de fuerza y poder en las últimas de Los Vengadores. En la serie que arranca como una sitcom de los 50, dos actores dramáticos destacados, Paul Bethany (Vision) y Elizabeth Olsen (Wanda), despliegan su pericia en un registro cómico clásico, al principio, que corta con la épica desgastada del universo de películas y vuelve a lo que mejor hicieron en el pasado: el juego con los géneros cinematográficos; ahora, con los televisivos.

Sin embargo, la serie no es un experimento, se inserta con meticulosa perfección —aunque el cómo demore un poco en llegar— en la franquicia ultra rentable, pero desde un lugar más ingenioso e inteligente.

La recreación de las sitcoms “que nos hicieron felices” —esas historias de familias nucleares de los 50, 60, 70 y 80, hasta el quinto— es, nada más y nada menos, que una de las etapas del duelo de Wanda tras la muerte de Vision en las películas.

Esa figuración de la televisión de cada una de las épocas citadas es exacta y nostálgica, y también está plagada de referencias a lo visto en los últimos años del MCU. Pueden darse una vuelta por YouTube, donde se multiplican los análisis de la enorme cantidad de easter eggs referidos en cada breve capítulo semanal. Si no los ven, no pasa nada.

La Bruja Escarlata crea una realidad paralela en la que su compañero vive. Ella aparentemente controla la voluntad de un grupo de personas que pasan sus días en un pueblo idílico llamado Westville, para que actúen esas recreaciones donde la pareja es feliz, de acuerdo al filtro televisivo de cada una de las décadas.

En esa construcción, que tiene la forma de un hexágono, transcurre el duelo de Wanda, un personaje que tuvo poco tiempo en pantalla, pero que sí arrastra varios traumas. Sus problemas mentales han sido evidentes, y ahora quedó —dada la última tragedia en su vida— enfrentando no solo sus fantasmas, sino —como no podía ser de otra manera— una nueva conspiración que se evidencia recién entre el cuarto y el quinto capítulo.

¿Dónde queda lo superheroico? Lejos, al menos al principio, del registro que vimos en las películas. Si bien se da cuenta del gran poder de la Bruja, se parece más a una Hechizada moderna que luego es tratada como terrorista. La apuesta es que no sea Wanda quien tome la posta de la heroína, sino otro personaje que conocimos de pequeña en Capitana Marvel, Mónica Rambeau. Pero esa es otra historia por descubrir.

Así, lo que pasa dentro y fuera del hexágono —como si se tratara de un Truman Show de superhéroes— marca las tensiones dramáticas de la serie. Wanda apela a lo mismo que muchos y muchas durante la pandemia: pasar el tiempo viendo TV confortable para escaparle al drama. En lugar de ver sin parar y por enésima vez algún capítulo de Friends, en este caso, como tiene poderes, la protagonista directamente recrea sus series favoritas, sin apelar a la parodia. WandaVision, de esta manera, parece decir que las historias que nos contamos para sobrevivir suelen ser más poderosas que lo que efectivamente nos pasa. .

,

Luna Nueva en Acuario

Por Lu Gaitán

¡Hola, beibis! ¿Cómo les va? Hoy les quiero contar sobre la Luna Nueva en Acuario de esta semana. Este tránsito sucede para todes, pero lo van a sentir especialmente quienes tengan energía de Tauro, Leo, Escorpio o Acuario y también los signos de aire, Géminis y Libra. 

Toda Luna Nueva marca el comienzo de un ciclo de seis meses. Cada Luna Nueva es el momento donde ponemos la semilla de algo que se irá desarrollando durante un periodo de seis meses. De ahí que siempre digamos que es el momento para hacer las intenciones y, en base a esas intenciones, empezar a actuar. Pero más allá de todo esto, la Luna Nueva en Acuario tiene algo de particular. Esta Luna Nueva marca el comienzo de un ciclo muchísimo más largo, que claramente excede el plazo de seis meses. ¿Por qué digo esto? Bueno, seguí escuchando y vas a saber.  

En este momento, tenemos un stellium de planetas en Acuario. Un stellium está conformado por 3 o 4 planetas en el mismo signo o casa. En estos momentos, tenemos 6 planetas en Acuario: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno. O sea, un montón de Acuario. Como ya les conté algunas veces, la conjunción de Júpiter y Saturno en Acuario marca el comienzo de un ciclo de casi 200 años. Este ciclo comenzó en diciembre del 2020. ¿Te acordás cuando todes hablaban de la estrella de Belén? Bueno, eso. Les astrólogues decimos que empezó un ciclo muy importante. Esta conjunción es la que abre el debate de si estamos o no estamos en la Era de Acuario. Yo digo que no estamos, que todavía falta, que estaremos en la Era de Acuario recién para el año 2150, si es que aún estamos vivxs y la humanidad no se extinguió. Creo que estamos en transición entre la Era de Piscis y la de Acuario. 

Sí podemos ver cómo viene apareciendo la energía de Acuario en nuestra vida cotidiana, incluso desde el comienzo de la década del 2000, cuando Neptuno y Urano estuvieron en Acuario y el mundo amenazó con colapsarse porque las computadoras no iban a poder registrar el cambio de década. ¿Te acordás de ese momento? Los 2000 fueron los años donde la tecnología y las computadoras empezaron a masificarse. También fueron los años donde explotaban las fiestas electrónicas y las drogas sintéticas como el éxtasis, que abren la sensibilidad, te dan vitalidad, alegría y la promesa del amor a todo lo que existe. Bueno, también son una llave para abrir la sexualidad y atreverte a experimentar lo que no harías estando careta. ¿Estoy haciendo apología de las drogas? No, señora, cada persona sabe lo que hace. Los 2000 también fueron los años donde comenzaron a nacer los centennials, esa generación que hoy tiene 20 años, que ya viene con otro chip en todo lo vinculado a la sexualidad, la identidad de género, los vínculos, la ecología, el veganismo y la política. Para elles, ser trans, ser no binarie, ser asexual, vivir el poliamor, tener una alimentación vegana y ser ecologista forma parte de la vida cotidiana, no algo a desarmar o deconstruir, como todavía nos pasa a millennials y Generación X. Obvio, estoy hablando de una generación y estoy haciendo generalizaciones. 

Volviendo a esto de si empezó o no la Era de Acuario, te cuento que esto mismo debatieron les astrólogues de la década de 1960, cuando hubo otro stellium en Acuario. Como señala mi colega Sergio Trallero, en el año 1962, se gestaron los cambios que marcaron la década del 60. Ese año estuvo marcado por la carrera al espacio. En ese momento teníamos un mundo dividido en dos, Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes se disputaban quién iba a llegar más lejos de la Tierra. Hoy tenemos la carrera por la vacuna contra el Covid y por ver quién será la nueva potencia mundial. Estados Unidos y Europa contra el creciente poderío de China, Rusia y otros países de Asia, como India y Singapur. También volvieron a aparecer los proyectos de colonización del espacio por parte de multimillonarios como Elon Musk o Bill Gates con su proyecto de tapar el sol para detener el calentamiento global. 

En 1962, con todo ese stellium en Acuario, surge el movimiento hippie, en contra de la guerra de Vietnam, una mezcla de pacifismo, psicodelia y movimiento libertario. Fue la generación de hijes de la burguesía –porque no tenía nada que ver con las clases trabajadoras– que venían a cuestionar la forma tradicional de vivir la sexualidad, los vínculos y el modelo imperialista de Estados Unidos. Fue la generación que empezó a traer la sabiduría de Oriente a Occidente y la modificó para que sea adaptada a la cultura estadounidense. Comienza el nacimiento del famoso New Age, movimiento cultural y espiritual que sigue vigente, aún al día de hoy.

En los sesenta, también aparecen las Panteras Negras en Estados Unidos, una organización con ideario socialista y revolucionario que buscaba reivindicar el lugar de las personas racializadas. Por estos años, también crecía la potencia de la figura de Martin Luther King, el pastor bautista que cumplió un rol fundamental en la lucha contra la segregación racial. 

¿Entonces? ¿Qué va a pasar en estos años? Bueno, no lo sé con exactitud, yo también lidio con la incertidumbre de no saber, pero en base a lo que ya sucedió puedo decir que estos años que se vienen van a traer una gran actualización de las formas que teníamos de vivir. La vida anterior al 2020 ya no va a volver, vamos a tener que experimentar y crear otras maneras. Creo que es la vuelta a las comunidades, como hicieron los hippies de los sesenta, que buscaban una conexión armónica con la naturaleza y con otros seres humanos. También creo que crecerá la potencia de los feminismos interseccionales, o sea, de los feminismos negros e indígenas. Creo también que habrá un gran crecimiento en el conocimiento científico. Los famosos avances de la ciencia, pero creo que necesitamos ser menos naífs y preguntarnos quién está detrás de cada investigación científica, quién financia y quién se beneficia con esos estudios. Si viene un laboratorio que produce agroquímicos a decirme que su producto es inocuo, no le creo. Si me lo dicen unos investigadores de Conicet, sí. Es probable que el interés por lo esotérico crezca aún más y que por momentos se ensanche la grieta con el mundo científico. Aunque si me preguntás, creo que lo más interesante sería el diálogo entre perspectivas; pero bueno, lo acuariano también se vuelve cerrado y autoritario. Un poco como pasa en las redes sociales, que entramos a nuestro feed y creemos que todo el mundo es igual a nosotres, pero no, es un engaño del algoritmo. Y cuando nos encontramos con algo que no encaja en nuestra perspectiva, vienen la indignación y la cancelación. No sabemos bien cómo lidiar con la diferencia. También corremos el riesgo de seguir viviendo la espiritualidad sin registrar lo que está pasando a nuestro alrededor, un poco como los hippies de los sesenta, que pudieron hacer el volantazo por la posición de privilegio en la que estaban. Está claro que podrían no haberlo hecho y lo hicieron, y eso, en sí mismo, es un montón, pero creo que estamos en otro contexto, uno muchísimo más tenso y critico. Entre 1962 y 2021, lo que marca la diferencia es toda la data que viene de los feminismos, la ecología y los movimientos de campesinos. Ya sabemos que eso que considerábamos progreso en los 60, con el apogeo del capitalismo desarrollista, implica destrucción de especies y riqueza que se concentra en manos de unos pocos. 

Este capitulo empezó siendo sobre la Luna Nueva en Acuario y, de repente, estoy hablando de cuestiones macro. Bueno, ya sabés qué es lo que creo: lo personal es político. Entonces, a la hora de hacer tus intenciones de Luna Nueva en Acuario y de pensar qué querés para tu vida y hacia dónde vas a dirigir tu vitalidad, pensá si eso solamente te beneficia a vos o a unos pocos, qué huella vas a dejar en el colectivo, cómo van a impactar tus proyectos en todo alrededor. Y no estoy hablando solo de personas, ¿eh? Estoy haciendo referencia también a las otras especies. Saber que formamos parte de un sistema o, mejor dicho, de un ecosistema, también es Acuario. 

,

Mercurio RX

Por Lu Gaitán

¡Hola, beibis! ¿Cómo les va? Hoy les quiero contar sobre Mercurio retrógrado, un tránsito de tres semanas que suele generar mucha paranoia colectiva. Como soy un poco grinch de las cosas que se dicen masivamente, tengo la intención de sacarle carga y miedo. ¡Empecemos!

Me parece importante hacer una breve aclaración sobre el fenómeno de la retrogradación de un planeta. Esto no tiene nada que ver con lo que efectivamente sucede en el cielo. Los planetas no van para atrás, se trata de una suerte de efecto óptico desde la Tierra. El ejemplo con el que solemos explicar la retrogradación de los planetas en astrología es el siguiente: cuando vas por la ruta en un auto y de repente tenés otro auto al lado, que está yendo a más o menos la misma velocidad, y lo pasás, ese auto parece que está yendo hacia atrás. Algo similar sucede con la retrogradación de los planetas, es un efecto visual que sucede desde la Tierra. Una vez más, me parece importante aclarar que en astrología los planetas no son nuestros objetos de estudio, sino que nos dedicamos a investigar el vínculo que tenemos los seres humanos con todo lo que nos rodea, más particularmente, con el cielo. 

Todos los planetas retrogradan, excepto el Sol y la Luna, que no son planetas pero les decimos así genéricamente. Y no hay nada grave ni nada malo en las retrogradaciones. Cuando los planetas están directos, es decir, están avanzando y caminando, el clima astrológico nos invita a ir hacia fuera. ¿Hacia fuera? Sí, de modo muy sencillo, podríamos decir que hay dos pulsos energéticos que se vinculan entre sí y se combinan de múltiples maneras. Hay un pulso energético yang: hacia fuera, extrovertido, activo, rápido y de movimiento visible. El otro pulso energético es yin: hacia dentro, introvertido, pasivo o receptivo, lento y de movimientos sutiles. Cuando los planetas están directos, estamos en modo yang: pasan cosas, el mundo se sacude y entramos en la lógica de hacer. Cuando los planetas están retrógrados, estamos en modo yin: la procesión va por dentro, todo se lentifica y nuestra atención se vuelca hacia nuestro mundo interno, o sea, nuestros pensamientos, sueños, las memorias, el pasado y lo que quedó pendiente. Y entonces, ¿por qué tiene tanta mala fama la retrogradación de los planetas? La respuesta es cultural: nuestro mundo occidental, capitalista y patriarcal rechaza la lentitud y valora la híper productividad. O sea, rechaza lo yin y tiene una sobrevaloración de lo yang, el hacer. 

¿Y esto qué tiene que ver con Mercurio retrógrado? Bueno, si consultás manuales de astrología, vas a ver que están llenos de advertencias que dicen: no firmes contratos, hacé un back up de la información que tenés en la computadora, atención a cómo te comunicás porque podés ser malinterpretadx en lo que decís, puede ser que sientas que las palabras no te salen tan fácilmente como siempre, hay chances de que estés más pensativx que en otros momentos y que te dé insomnio (acá no aplica lo de que siempre tenés insomnio o dificultades para dormir; en ese caso, mi sugerencia es que consultes a un profesional de la salud), y también, puede ser que reaparezcan personas con las que estuvimos vinculadas en el pasado, amistades pero también vínculos sexoafectivos. Y esta es la pregunta que más suele aparecer en redes sociales. “¿Qué pasa con las y los exes?”. Porque no siempre son lxs demás lxs que aparecen en nuestras vidas, a veces somos nosotres quienes caemos como paracaidistas en la vida de lxs demás, a veces con un simple mensaje de “¿Qué tal? Tanto tiempo”, como para abrir el diálogo y, a veces, es “Perdón, me mandé un moco con vos y me di cuenta ahora”. Puede pasar. Entonces, ¿qué dice la astrología sobre la vuelta de personas del pasado? Nada, la astrología no dice nada, vas a tener que tomar vos tus decisiones y chequear si estás disponible para el encuentro o no. No le eches la culpa a la astrología y hacete cargo de tus decisiones. También suelo recibir mensajes de “A mí no me apareció ninguna persona del pasado, ¿qué pasa?, ¿no funciona la astrología?”. A veces las reapariciones no son físicas, sino que ocurren en nuestros pensamientos, en los sueños y como material de elaboración para nuestras sesiones de terapia. Esto a nivel general de la retrogradación de Mercurio. 

Más específicamente, si tenés Mercurio retro en tu carta natal, es probable que sientas que la temporada de Mercurio retro es afín a tu naturaleza interna. Que estás en tu salsa, bah. Que tu tiempo interno coincide con el tiempo del mundo. Si no tenés Mercurio retro en tu carta, además de la aparición de personas del pasado tanto física como mentalmente, puede ser un gran momento para que termines de procesar cosas que hace tiempo están dando vueltas pero no podés tomar una decisión o no terminás de entender por qué pasó lo que pasó. Los manuales de astrología suelen decir que revises bien los contratos antes de firmarlos y que, si algo se demora, aproveches ese tiempo para ver cómo lo podés aprovechar. Tal vez te des cuenta de cosas que en otros momentos no hubieras podido percibir, producto del acelere con el que vivimos, donde todo tiene que ser ya ya ya. 

Como para ir cerrando, hay una particularidad sobre el año 2021. Este año las retrogradaciones de Mercurio son en signos de aire: en Acuario, en Géminis y en Libra. El elemento aire está vinculado al mundo de las ideas. Entonces, las retrogradaciones de Mercurio son un gran momento para revisar nuestra forma de comunicarnos con el otre, si queremos imponer nuestras ideas o estamos abiertxs a la diferencia de opinión, si nos dejamos atravesar por otras perspectivas o estamos convencidxs de que tenemos la posta, si nuestras ideas están buenísimas pero no sabemos cómo concretarlas, si estamos siendo rígidxs en nuestras formas de pensar, o bien si somos muy barriletes y no podemos profundizar en nada. El 2021 tiene como desafío ser flexibles y abrir nuestras mentes a otras formas de pensar y ver el mundo, pero sin perder un norte. Si te rigidizás, perdés. Pero si sos muy cuelgue y laxa, también. Ahora ya sabés.

Bueno, gracias por haber llegado hasta acá y por compartir este pódcast en tus redes sociales. Un abrazo.  

,

El colapso: un apocalipsis realista

Por Juli Fantini

Esta reseña no contiene spoilers.

En Flow —emitida por el canal AMC desde el lunes 8 de febrero de 2021, disponible on demand desde el martes 9 — estará disponible El Colapso, una serie francesa creada por el colectivo de cineastas franceses Les Parasites. No se parece a nada: ni a Black Mirror ni Years And Years —dos series distópicas muy populares en los últimos tiempos— y mucho menos a alguna de las decenas de películas de Hollywood que se meten con el fin de la humanidad. 

La peculiaridad de la creación es su formato de antología: cada capítulo se ocupa de una historia en particular. Su brevedad, ocho capítulos de entre 15 y 20 minutos filmados en planos secuencia, permite adoptar con realismo el punto de vista de cada una de las personas que transitan el colapso del sistema, nada más y nada menos.

El conflicto que aúna las historias contadas y fragmentadas es el caos generado, porque se cayó literalmente el abastecimiento de todos los bienes y servicios en Francia —y se supone también en el mundo—, lo que genera distintas variantes de la supervivencia en un contexto por demás hostil. 

Creada en 2019, puede evocar algo del clima de época de la pandemia, pero se diferencia porque no hay un virus que promueva la disolución del orden social, sino que estamos ante el cumplimiento de las profecías de ecologistas y ambientalistas respecto a las consecuencias del mal —y desmedido— uso de los recursos, no solo naturales, del planeta; en ese marco, las necesidades básicas desaparecen o se vuelven inalcanzables para la mayoría de las personas.

Con la duración de una película —aproximadamente 160 minutos en total—, la miniserie se inspira en la teoría de la colapsología. Básicamente, lo que dice es que la sociedad industrial tal como la conocemos se destruirá por una conjunción de circunstancias políticas, sanitarias, medioambientales y energéticas. 

Con esa premisa hecha realidad, en el primer capítulo asistimos a lo que sucede en un supermercado cuando el desabastecimiento empieza a sentirse. En los episodios que le siguen, los lazos sociales tensados entre sobrevivir o ayudar se muestran a través de otros escenarios y con distintos protagonistas; y, en la mayoría de los casos, El Colapso adopta un tono misántropo: Les Parasites no parecen tener demasiada fe en la humanidad. 

Los capítulos son, como se dijo, autoconclusivos, pero coherentes y cohesionados. Algunos, por supuesto, son mejores que otros, y el final —explicativo— sobra. Cada uno de ellos hace referencia al lugar donde sucede la acción dramática y a una fecha específica desde que ha llegado el colapso. Del mencionado súper (día dos), pasan a una estación de servicio (día cinco), le sigue el inquietante capítulo, “El aeródromo” (día seis). Luego llega “La aldea” (día 25) y “La central” (día 45). El más humanista, “La residencia” (día 50). “La isla” es el penúltimo, en conexión directa con el segundo (día 170), y concluye con un capítulo ambientado cinco días antes de la debacle titulado “La emisión”. 

Para quienes esperen encontrar una serie que se anticipó a la pandemia, no tendrán suerte. Más bien, El Colapso es un alegato antisistema que recrea algunas circunstancias miserables que vivimos durante la crisis provocada por el coronavirus, donde la supervivencia del más fuerte y el más rico se impone en un apocalipsis que se insinúa día a día en los títulos de los medios de comunicación.

Pesimista en su mensaje y técnicamente impecable, es una serie que no dejará indiferente a quien se sumerja en el visionado de esta tragedia moderna, lejana a la ciencia ficción y carente de propuestas o soluciones, porque, en ese mundo sin recursos, lo único que vale, parecen decir Les Parasites, es sobrevivir.

,

Luna Llena en Leo

Por Lu Gaitán

¡Hola, beibis! ¿Cómo les va? Hoy les quiero contar sobre la Luna Llena de esta semana. Como ya les conté varias veces, la Luna Llena marca el final de un ciclo. En este caso, se trata de un ciclo que comenzó con la Luna Nueva en Leo del mes de agosto del 2020. Entonces, la pregunta sería: ¿qué era de tu vida por entonces? ¿Y qué está pasando ahora? ¿Podés ver algún link, alguna conexión? Te voy tirando estas preguntas para que vayas pensando, pero no te preocupes porque no hace falta que lo pienses y descubras todo vos, este capítulo te va a aportar data.

Lo primero que tengo para decir es que, en la fase de Luna Llena, además de terminar un ciclo de seis meses, el Sol y la Luna están en signos opuestos y complementarios. En nuestra mente binaria, tendemos a pensar que es uno o es otro. Entonces, nos conectamos con la energía del Sol, en este caso Acuario, o con la energía de la Luna, en este caso Leo. Creo que uno de los grandes aportes de la astrología, como cosmovisión, es que nos lleva a corrernos de esa lógica. Los opuestos como polos enemistados son una ilusión de nuestra cosmovisión occidental, porque, para la perspectiva astrológica, los opuestos forman parte de una totalidad. 

Dicho esto, me parece interesante pensar en cuáles son las temáticas que vienen con Leo y con Acuario. Leo es el signo del individuo, del yo. Acuario es el signo de lo colectivo y comunitario. Para nuestra forma habitual y conocida de percibir, o le damos importancia al trabajo personal, o nos focalizamos en cuestiones sistémicas y macro. Leo y Acuario, desde mi perspectiva, son la encarnación de ese lema feminista que surgió hace unas décadas que dice “lo personal es político”. Tenemos una idea bastante limitada de lo político, como político partidario, pero a mí me gusta pensar que “político” viene de “polis”. Esta es una palabra griega que significa comunidad. Re nerd todo esto que estoy diciendo, pero me encanta, ya sabés. Entonces, político es todo aquello que exceda al individuo, a la persona. Para esta perspectiva, entonces, los problemas de autoestima que podemos tener no son problemáticas individuales, sino que refieren a modelos hegemónicos de belleza reproducidos en medios de comunicación. Los problemas a la hora de encontrar una pareja son producto de la crisis del modelo tradicional de familia y de pareja y el amor líquido neoliberal del que habla Baumann. Los celos son producto de una forma capitalista de amar donde el otre es un objeto de mi propiedad (privada). Esta sería una lógica acuariana. 

En el polo opuesto, el leonino, donde todo el foco está puesto en el individuo, los problemas de autoestima se resuelven con prácticas de amor propio que pueden incluir desde frases motivacionales tipo “yo me amo y soy perfecta así como soy” o prácticas de autocuidado, como no ir a una reunión con amigues porque sabés que te vas a embolar o porque ya no tenés de qué charlar con ellxs. Si tenés problemas para comenzar o sostener un vínculo de pareja, es probable que sea porque te encontrás con personas tóxicas (sin cuestionarte si vos tenés algún grado de toxicidad o goce en ese tipo de vínculos), porque necesitás conocer gente nueva, más allá del entorno habitual donde siempre te movés, o bien necesitás confiar más en vos misma y, para eso, lo mejor es que te dediques tiempo a vos misma, hagas terapia y cosas que te gustan. Si estás celosa, es porque sos muy apegada y controladora, o bien sos una narcisa, ególatra y querés ser el centro de atención todo el tiempo. Entonces, la resolución es que saltes al vacío y tengas el coraje suficiente para amar al otre, a sabiendas de que el otre siempre se puede ir, pero bueno, “si no arriesgás, no ganas”. Esto es el polo leonino. 

Y, como les decía antes, podemos vivir la Luna Llena desde la lógica de polos contrapuestos y enemistados. Esta sería la forma más habitual, también la más binaria. O es uno, o es otro. O todo es una cuestión sistémica, como si el sistema operara en abstracto y los individuos no reprodujeran esos discursos y esas prácticas. O bien es una responsabilidad pura y exclusivamente individual, como si los seres humanos no nacieran en un contexto de época, con una educación (o una falta de ella), con una identidad de género asignado al nacer en base a los genitales y unas expectativas de comportamiento en base a eso, dentro de una clase social, con discursos e imágenes que son reproducidos en todos lados.  

Yo creo que, con la astrología, lejos de simplificar, podemos observar la complejidad de este mundo. Y, efectivamente, habrá momentos donde necesitemos prácticas de autocuidado y automimo y, cuando nos topemos con los límites de eso, es importante que sepamos que, si el individuo no puede con una problemática, es probable que haya que levantar la cabeza para dejar de mirarse el ombligo y observar que son construcciones muy antiguas, que lleva tiempo desarmar. Deconstruir, como decimos por estos días. Aunque sea complejo y por momentos sintamos que estamos remando en dulce de leche, se trata de desafíos que necesitamos encarar. Los cambios que yo haga en mi vida repercuten en las personas a mi alrededor. Y los cambios que impulsa el colectivo potencian los procesos personales. Son las dos cosas a la vez. Y, cuantos más seamos, tendremos la posibilidad de generar esa famosa masa crítica que empuja e impulsa aún más los cambios a gran escala. 

Para ir cerrando, quiero decirte que los ejemplos que mencioné no fueron al azar, sino que forman parte de la configuración astrológica de esta Luna Llena en Leo, con Venus en conjunción a Plutón, la Luna en cuadratura a Marte, Lilith y Urano en Tauro y la Luna en oposición a Saturno y Júpiter en Acuario. ¿Qué significan todos estos nombres técnicos? Básicamente, lo que te conté más arriba.  

Si estás manija y querés data más personalizada, podés buscar el grado 9 de Leo y de Acuario en tu carta natal. Las chicas de @aprendeastrologia publicaron un tutorial en su feed de Instagram para ayudarte con la interpretación. 

Bueno, hemos llegado al final de este capítulo. Gracias por compartir este pódcast con tu gente querida y en tus redes sociales. Te mando un súper abrazo. 

,

Druk / Another Round: amistades embriagadoras

Por Juli Fantini

Más allá de la inusual premisa, que podría dar lugar a una película extremadamente provocativa, Druk es una meditación sobre la crisis de la mediana edad masculina.

El título de la película danesa de Thomas Vinterberg (La Cacería, Querida Wendy) sería en su traducción literal “consumo excesivo de alcohol”. En inglés, optaron por nombrarla Another Round (Otra Ronda, así la encuentran en plataformas alternativas), aunque en realidad se refiera a una casi interminable cantidad de rondas, parte del experimento al que un aburrido grupo de amigos y profesores de secundario acceden para salir de la melancolía. Mads Mikkelsen —también protagonista de La Cacería y de la serie Hannibal— es la cara más reconocible entre los protagonistas, en un trabajo a través del cual despliega su enorme talento como intérprete. 

“Tenemos este debate muy constante y honesto sobre el alcohol, pero también bebemos como vikingos”, le dijo Vinterberg hace poco al New York Times. Es que Druk puede leerse en clave sociológica, aunque no sea un subrayado del guion la cultura del excesivo consumo de alcohol naturalizado desde muy jóvenes entre los daneses. Este es el otro trasfondo que habilita el conflicto: los cuatro profesores se proponen mantener una tasa de alcohol permanente para mejorar sus vidas y las cosas efectivamente mejoran; por supuesto, también empeoran.

La exploración de estar borrachos todo el tiempo se justifica a partir de la idea de un psiquiatra —Finn Skarderud, que existe en la vida real—, quien sugiere que los humanos supuestamente nacemos con un déficit de 0,5 % de alcohol en nuestro cuerpo. Al compensarlo, la teoría demostraría que se puede vivir mejor. Y en esa comprobación empírica se meten los profes. 

En medio de la intoxicación por alcohol permanente, intentarán seguir con sus vidas, unas existencias atravesadas por los típicos white people problems de una sociedad como la dinamarquesa, con resultados estupendos, al principio: desinhibidos, inspirados y en conexión con el mundo, sus clases mejoran, así como sus vínculos. 

Druk está lejísimos de registros que podrían parecer similares, como la estadounidense The Hangover (La Resaca), porque no ironiza ni satiriza las pequeñas tragedias de estos señores aburridos, sino que, en tono tragicómico, expone el vacío existencial que para algunos puede parecer vacuo y otros sentirán una profunda identificación. Las frustraciones derivadas, los sueños no cumplidos y las relaciones de pareja o inexistentes o deterioradas se lubrican con alcohol en esa aventura en común de cuatro tipos que en la intimidad afectuosa de su amistad intentan hacer algo al respecto. 

La inminente caída al abismo, cuando el consumo de alcohol se evidencia en la comunidad educativa y entre familias al incrementar la apuesta, no aparece enmarcada en un cuento moralizante. Hay delicadeza y amor por los personajes por parte del director, quien, con compasión, expone sus fallas —engrandecidas por el experimento— pero no dinamita el vínculo amistoso, una fuerza poderosa que termina por redimirlos, incluso en medio de la tragedia. 

El personaje de Mikkelsen —Martin— oficia de protagonista, aunque es el bloque de amigos cuarentones, frágiles y en crisis el que, al fin y al cabo, se aventura en algo que lo saca del letargo, aun cuando el melodrama golpea la puerta. 

Así, Druk no se trata de las consecuencias de beber demasiado, sino de la oportunidad de tomar otro camino, evocativo de la juventud, para finalmente darse cuenta de que no hay otra cosa que el hoy, sin una respuesta concluyente respecto al futuro y con un baile final de Mikkelsen que tiene destino de ícono entre las películas del año que pasó.  

,

Temporada Acuario

Lu Gaitán

Hola, beibis, ¿cómo les va? Hoy les quiero contar sobre la energía acuariana, ya que estamos empezando la temporada Acuario. Arranquemos.

Acuario es el signo número 11 y viene después de Capricornio. Como les contaba en el episodio de Capricornio, este es un signo de tierra donde se les da forma y estructura a los ideales sagitarianos. Pero ¿qué pasa en Acuario, un signo de aire? Acá nos abrimos a la novedad y empezamos a mirar hacia el futuro. Es el famoso salto cuántico o el salto al vacío del que tanto se habla en el mundo de la espiritualidad. Si en Capricornio registramos el peso de la tradición y el deber ser, en Acuario nos abrimos a la novedad. Pero hay algunos detalles sobre la energía acuariana que, dicho sea de paso, tiene unas complejidades interesantes. Además de ser un signo de aire, asociado a las relaciones, las ideas, la novedad, lo disruptivo, lo impredecible y lo que sale de la norma, también es un signo fijo que tiene como regente antiguo a Saturno. Entonces, vamos a ver que la personalidad típica de Acuario (esto aplica a Sol, Ascendente, Luna y planetas en Acuario, así como Urano en casas 1, 4, 7, 10 o 12, o Urano en aspecto duro al Sol, la Luna o el regente del Ascendente) tiene un costado terco, determinado y, ¿por qué no?, autoritario y soberbio, sobre todo desde lo intelectual. 

La mayoría de las descripciones que encontramos sobre Acuario en redes sociales dicen que se trata de una personalidad libre, que tiene algo de exótico, revolucionario o creativo. Esta característica está vinculada a Urano, su regente moderno, y al elemento aire. Urano, el regente moderno, fue el primer planeta descubierto con un telescopio y su descubrimiento fue sincrónico con la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos. Pero la dimensión conservadora y apegada al deber ser es bien saturnina y de la modalidad fija. Saturno es el regente antiguo. ¿Cómo es posible que un signo se manifieste de este modo casi antagónico? Lo que he visto en las personalidades acuarianas es que pueden ser disruptivas en algunos aspectos de su vida y, en otras cosas, completamente conservadoras. Por ejemplo, una persona nace con energía acuariana en una familia muy católica, durante toda su vida sintió que no encajaba o que no pertenecía a ese entorno, como si fuera un extraterrestre. En su adultez, renuncia a la religión y tiene vínculos sexoafectivos con personas que tienen su misma identidad de género. O sea, es gay. Dos cosas que son muy disruptivas para la crianza tradicional que tuvo. Pero luego se casa y tiene un vínculo de pareja que sostiene durante más de diez años y su discurso es híper cientificista. Entonces, funcionó de un modo acuariano/uraniano rupturista en los parámetros de su familia de origen, pero luego en su vida adulta, su vínculo de pareja pasa por las instituciones. Se casa. Y su cosmovisión responde a otra institución: la academia científica. O sea que ahí aparece el lado saturnino y fijo. Esta puede ser una forma de vivir lo acuariano, entre Urano y Saturno. 

Otra forma que he visto muchas veces en personas con energía acuariana es que hacen cambios muy contundentes en su vida, de 180 grados. Y la manifestación de esos cambios, vista desde afuera, es abrupta. Pero la persona, en su fuero interno, viene masticando ese cambio desde hace muchísimo tiempo. Entonces el proceso es saturnino, lento y sostenido, pero la manifestación de ese cambio es uraniana y repentina.

La energía de Acuario, en esto de que mira al futuro, muchísimas veces viene con grandes ideas. Acuario es el signo de las utopías. De hecho, utopía es una palabra que fue creada por Tomás Moro, un acuariano. Estamos bastante acostumbrades a decir “esto es una utopía”, como algo negativo o que necesita ser desacreditado. Yo creo, al modo de Eduardo Galeano, que las utopías son como el horizonte, nos marcan el camino y, de ese modo, sabemos hacia dónde caminar, aunque nunca logremos alcanzar esos ideales. En esta misma línea, he visto muchas personas de Acuario o con energía potente de Urano, que son acusadxs de locos por la sociedad en la que viven, pero que cuando miramos hacia atrás, vemos que fueron adelantadxs a su época. De hecho, las personas muy acuarianas uranianas suelen tener, como les decía antes, ideas o proyectos que son muy disruptivos para el contexto en el que viven y es su gran desafío aprender a plasmar esas ideas en la materia. O sea, dejar la paja mental y pasar a la acción. Suelen lidiar con un grado de frustración muy alto y cierta ansiedad, porque en su cabeza todo sucede mucho más rápido que cuando hay que poner manos a la obra. Entonces, parte del desafío de las personas acuarianas y de todo aquello que sea muy acuariano/uraniano es aceptar que las cosas llevan tiempo, que los procesos son necesarios y que hay que ir paso a paso, pues Saturno. Y, en eso de adelantarse al tiempo en el que viven, van a tener que aprender a no volverse soberbios frente a lxs demás que también están haciendo su camino. 

En esta misma línea, me parece interesante mencionarles que otra de las formas en que se manifiesta la energía acuariana a nivel colectivo es con las revoluciones. Como les decía antes, Urano está asociado a los cambios potentes. Y observemos lo que ha pasado con algunas revoluciones, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, la Revolución Cubana y ¿por qué no? con el feminismo, la ecología y el veganismo. Son movimientos que cuestionan el statu quo y en algunos casos incluso lo derriban, pero una vez que esas revoluciones se institucionalizan, como en el caso de la Revolución Francesa, Revolución Rusa o Revolución Cubana, empieza a manifestarse el lado autoritario, purista y rígido que no tolera la disidencia. Pero Urano no siempre es de izquierda, en el sentido ideológico y político de la palabra. De hecho, muchas veces se expresa como el liberalismo político y económico y el individualismo.

“Acuario es una energía fácil de definir”, dijo nadie nunca. 

Hasta acá llegamos por hoy. Gracias por estar ahí y por compartir este pódcast en tus redes sociales y con tu gente. Un súper abrazo y feliz comienzo de temporada acuariana. 

,

Rocanrol Cowboys: una historia de vida

Por Juli Fantini

Rocanrol Cowboys puede parecer una historia mínima frente a la ambición latinoamericanista y didáctica de Santaolalla y su Rompan Todo

Las dos producciones que vimos en Netflix, sin embargo, se enmarcan en la larga historia de un género que es casi tan antiguo como la historia del rock: el rockumental. El estupendo retrato de la banda de Juanse que, cumpliendo con las reglas del cuento narra el ascenso, caída y regreso de una pieza clave del rock argentino postdemocrático, supera el otro retrato, más ambicioso pero desangelado, del fundador y productor de Arco Iris.

El rockumental es un género en sí mismo que habitualmente combina imágenes de actuaciones en vivo, entrevistas y material audiovisual de todo tipo. El género emerge en los 60 por la enorme atención que la música popular tiene en la cultura joven de Occidente. Rocanrol Cowboys es un subtipo biográfico —en este caso, la banda Ratones Paranoicos es la protagonista— que cuenta con una enorme cantidad de material de archivo de todas las épocas. 

Esos detrás de escena que se presentan de forma naturalista son “pisados” por la voz en off de los integrantes de la banda, cuyos rostros actuales no aparecen en la clásica toma de entrevista periodística. Una decisión que nos pasea por las tres, casi cuatro, décadas implicadas en la breve narración, situándonos en cada momento vivido. Así, cuando vemos las caras de hoy de los integrantes, el contundente paso del tiempo tiene una corporalidad de impacto.

En ese marco, este rockumental puede parecer de nicho al pensar, en principio, que pudo haber sido concebido para la “patria stone” que ve en los Ratones el enlace local hacia los Rolling Stones, esa particular subcultura argentina que dio y daría para miles de aproximaciones etnográficas respecto a sus mitos de origen y ramificaciones musicales y culturales. 

Así y todo, los realizadores Plástico, una dupla formada por Alejandro Ruax y Ramiro Martínez, sueltan esa oportunidad y se concentran en contar cómo una banda proto punk de Villa Devoto alcanza a telonear a los Stones para luego tener como productor al mismísimo Andrew Loog Oldham —quien trabajó con la banda de Jagger y Richards en sus comienzos— hasta, finalmente, separarse, para volver a reunirse. Como tantas otras, aquí, allá y en todas partes, aunque en este caso con todos sus miembros vivos. 

Y ese es otro de los valores que alejan a Rocanroll Cowboys del mero nicho porque es posible universalizar esa experiencia. 

La intención se ve plasmada en el relato, también en off que hace Oldham, no solo como productor de dos de los discos de los 90, sino al asumir el papel del narrador que conoce la cultura rock. 

Es Oldham el que tiene la suficiente cercanía y distancia para dar las reflexiones más sesudas y experimentadas que evaden los clichés en torno al paso del under al mainstream, de una vida normal al dinero, fama, sexo, y excesos con las drogas y el alcohol, posterior caída y redención (en uno de los casos, literal, con Juanse y su devoción católica).

Los Ratones Paranoicos se formaron en 1983, cuando cayó la dictadura cívico militar, alcanzaron su pico en los 90, y el comienzo del milenio marcó su final como banda. 

En otra decisión acertada, Plástico opta por no remarcar el contexto sociopolítico, solo aparece un clip con imágenes lo suficientemente icónicas del paso de los 80 a los 90 que indican la llegada de la fama, y del menemato. El resto se deduce por la calidad del material de archivo, el acceso a mejores condiciones de grabación, las dinámicas entre los miembros de la banda que se ven arruinadas por el paso de los años, y son exhibidas sin hipocresías ni discursos edulcorados, así como tampoco se oculta el evidente consumo de sustancias y alcohol que detonan sobre todo a Juanse. 

No hay condescendencia ahí, pero tampoco lecciones de moral. Es, simplemente, un abordaje honesto. Y también respetuoso del camino que Juan Sebastián Gutiérrez, ridiculizado hasta el cansancio primero por Capusotto y su Pomelo, y luego por su acercamiento a la religión. 

Así y todo, Rocanrol Cowboys no es la historia de Juanse sino la de la banda que formó junto al bajista Pablo Memi, el guitarrista Sarcófago y el baterista Roy Quiroga. Justamente, el título del rockumental surge de una de las reflexiones de Oldham cuando define el encuentro entre las guitarras de Juanse y Sarco como las de dos “rock and roll cowboys”.

Los 76 minutos de la película pueden no ser lo que un rolinga de ley espera, pero sí hace justicia, a pesar de las omisiones propias de decisiones de guión, con la banda salvaje e imprescindible de la escena rock argentina que fue Ratones. Como dice Juanse en una vieja entrevista, el rock and roll como un estilo de vida, incluso en la última etapa de su vida, porque, con sinceridad, ¿hay algo más rockero hoy que un frontman que enfervoriza a multitudes católicas en las inmediaciones del planetario porteño al ritmo del “Rock del Gato”?