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Borgen, el viaje heroico que adoramos mirar

Por Juli Fantini

Esta reseña no contiene spoilers, solo detalles de la trama que dan una idea general de la serie. Sin embargo, si preferís llegar sin ningún dato, recomendamos leerla después de ver la primera temporada.

Una década después de su estreno, la llegada a un público masivo gracias a Netflix de la serie danesa Borgen es un punto alto del año pandémico que nos ató al streaming sin parar, con resultados dispares.

Borgen, antes que nada, es una serie que puede enganchar a cualquiera: trata sobre el ascenso al poder de una mujer, Birgitte Nyborg (la magnífica Sidse Babett Knudsen, vista también en Westworld), líder del partido de centroizquierda quien, debido a una serie de infortunios y a la diferente conformación del sistema parlamentario de Dinamarca, asume como primera ministra, aun antes que Helle Thorning-Schmidt, la primera mujer en lograrlo en la vida real en el año 2011. Algo así como ficción de anticipación.

Solo por el vicio profesional de emparentarla con referencias más o menos conocidas, se la comparó históricamente con The West Wing (Aaron Sorkin): la serie que sublimó todas las fantasías del ala liberal del partido demócrata. Pero Borgen es algo más que la west wing danesa, porque alude a una tensión tan importante como los conflictos políticos que debe afrontar la primera ministra: el cambio de dinámica que, por la importancia de su puesto, se da en su vida familiar. Este asunto ocupa tanto tiempo de la narrativa como la dura tarea de estructurar la coalición gobernante –algo habitual en Dinamarca– y, de una vez por todas, salir de la tribuna y ocupar espacios de decisión en el palacio de Christiansborg, conocido como Borgen.

Lejos de la sobrevalorada House of Cards, Borgen al mismo tiempo que hace estallar el techo de cristal en una sociedad progresista también explota el idealismo del progresismo de centro cuando no queda otra que negociar.

En ese contexto, se mueven las tres temporadas de 10 capítulos cada una, emitidas entre 2010 y 2013 por DR –la televisión pública danesa–, y que Netflix pone a disposición el viernes 4 de septiembre. Estos derechos de emisión que adquirió la compañía de streaming vienen con una cuarta temporada prometida para 2022, y con una Birgitte que vuelve a la política como ministra del exterior.

Borgen, en su momento, era una serie que solo se podía ver a través de la descarga directa de ciertos foros que salían de los canales tradicionales, pero el tiempo transcurrido no le hizo perder actualidad ni interés porque tienen la capacidad de imaginar una historia que no reniega de sus características más de telenovela de la buena, con la política en primer plano y con una heroína carismática, antes de que las mujeres coparan los protagónicos de la mano del Me Too y la necesaria perspectiva de género.

Un gobierno de coalición, una persona –encima mujer– con pocas fichas puestas en sus posibilidades de gobernar, casos de corrupción, las agendas de los grupos mediáticos, los choques ideológicos son temas que cualquiera que viva en Argentina podrá hacer espejo con hechos del presente o de la historia reciente.

Sin embargo, más allá de las comparaciones con la política local, Borgen funciona en todo nivel porque nunca deja de ser entretenida. Sí se mete con los grandes temas del mundo contemporáneo con personajes que detentan el poder o lo padecen, y sus vidas personales se ven profundamente interpeladas por esas posiciones.

Para quienes vienen atentos a las series que vienen del frío, Borgen pertenece a un tiempo de la televisión danesa que se destacó también por otras dos series imperdibles, The Killing y The Bridge. Parte de una intención de la señal pública DR –una BBC de allá– que propuso la generación de contenidos de gran calidad que dieran cuenta de su identidad y sus complejidades, pero con un claro eje en el entretenimiento, siguiendo el modelo de las series estadounidenses.

De regreso a la trama, Birgitte lidera el partido moderado (y chico en su representatividad), con todo lo que ese concepto implica ideológicamente acá, en Dinamarca o en la India. Lo inesperado de su liderazgo la coloca, cada capítulo, frente a dilemas casi imposibles. En ese sentido, retoma la intención mencionada y se ubica en el terreno de las conocidas series de procedimiento, donde cada historia contada, es un “crimen” por resolver. En este caso, leyes, escándalos, tratados, aliados infieles, entre otras delicias de la rosca. Así, Borgen suma en su detallada exposición de los personajes que rodean a la primera ministra, como la periodista estrella de la TV o su asesor de prensa, tan importantes en el desarrollo de la trama como la familia de Birgitte.

Otra cuestión que aparece no tan marcada como en la política argentina es el sexismo. Si bien se manifiesta a través de los personajes más antipáticos, la idea misma de una política profesional en un cargo de gestión no cae en los estereotipos habituales, ni para promover el prejuicio ni para derribarlo, con trazos torpes. Con seguridad, esto tiene que ver con la idiosincrasia de Dinamarca y ciertas cuestiones que pasaron a otro plano de la discusión que vuelve cada dos por tres a la agenda local sobre las mujeres y el poder.

La serie tampoco se priva de sumar una cuota de humor, aunque siempre en clave intelectual, porque es básicamente un drama novelado sobre el ejercicio del poder, lejos de la estupenda serie Veep, donde manda la parodia. La dinámica entre las vidas públicas y privadas hacen, finalmente, de Borgen una joyita a disfrutar por el suspenso logrado con temas de la sección de internacionales del diario, y por la enorme interpretación de Sidse Babett Knudsen, cuyo personaje atraviesa los cambios propios del tradicional viaje del héroe –heroína, en este caso–, la historia que siempre se cuenta desde el comienzo de los tiempos literarios, y que no nos cansamos de leer, ni de mirar.

2 replies
  1. Ricardo Rizxi
    Ricardo Rizxi says:

    La empecé hoy y contrario a tu comentario al final del primer capítulo se lee que se basa en hechos reales del año 1982. Mi primera impresión coincide totalmente con tu análisis

    Responder
  2. Julieta
    Julieta says:

    Qué bien, Ricardo que te hayas puesto a verla, no creo que sea una serie para ver un capítulo tras otro sin parar, sino para “saborearla”. La vi hace muchos años, no recordaba que el primer cap. se basaba en algunos hechos de la historia de ese país, pero sí es cierto que todo es un gran paralelismo con el sistema político- mediático danés. Un abrazo y gracias por leer.

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