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En las rocas: daddy issues

Por Juli Fantini

Las películas de Sofía Coppola siempre generan grietas. Como en aquella célebre escena de 500 días con ella en la que se plantea la relación entre la expectativa y la realidad de un reencuentro entre amantes, sus seguidores parecen no superar Perdidos en Tokio. Esta película que estrenó el mes pasado en Apple TV parece una respuesta a ese reclamo. Pero por momentos no sale bien.

On the Rocks, dirigida y guionada por Coppola, y protagonizada Bill Murray y Rashida Jones, cuenta la historia de una mujer, con dos hijas y un marido, que vive un bloqueo creativo o, tal vez, los deberes domésticos de atender a dos pequeñas le impiden dedicar el tiempo necesario a su oficio. A esto se suma un esposo ausente por sus tareas laborales. 

La descripción que hace Coppola de esa crisis de los 40 no conecta con otra película reseñada en Las Horas Perdidas, Rapera a los 40, porque si bien el contexto es Nueva York, aquí vemos la parte más favorecida de la ciudad. 

El personaje de Jones experimenta lo que muchas mujeres que deben hacerse cargo, con amor, de las tareas domésticas: relega, sin querer queriendo, su trabajo, aunque esto no sea un acuerdo explícito con su pareja; así se dieron las cosas. 

Pero en ese andar algo abúlico y amoroso –la devoción de Laura (Jones) por sus niñas está puesta en primer plano– algo sucede. El conflicto es una incipiente paranoia, propiciada por una serie de sucesos, que la hacen sospechar de que su marido la engaña. Las frustraciones de gente rica con tristeza son un tópico conocido en el cine de Sofía, aunque sus maneras siempre encuentran una forma de darles una vuelta de tuerca.  

La aparición de su padre en escena –Félix, interpretado por Murray– todo lo cambia. El tipo que le dijo “Sos mía hasta que te casés. Y después también” representa la irrupción del siglo XX en una ciudad muy moderna de la era contemporánea. 

Félix representa todo aquello que quedó desterrado en quien intente comportarse de acuerdo con los cánones actuales de la corrección política con relación a cómo se vincula con las mujeres, incluyendo a su hija: por demás galante –aunque no es un acosador–, paternalista hasta la médula. Esa clase de tipos que deja una estela de carisma cuando se mueve por su fuerte presencia y los modales propios de un merchant de arte ya retirado a quien todas las personas conocen. Básicamente, es un jubilado rico que se dedica a viajar por el mundo y hacer un trato por un cuadro de vez en cuando.  

Félix se reencuentra con Laura en ese momento crítico en el que las sospechas sobre una supuesta infidelidad de su marido escalan a niveles insanos. Y él no hace otra cosa que echar más leña al fuego. Él mismo, infiel serial, le propondrá una aventura de descubrimiento que cortará el relato de la crisis de mediana edad de Laura para virar hacia una comedia de enredos. Con persecuciones en auto y viajes a México incluidos, ese arrebato hizo que la protagonista accediera al delirio amoroso de su padre, quien, con la intención de protegerla, expondrá también los desencuentros históricos entre los dos.  

Dean (Marlon Wayans), el marido de Laura, es la contracara de Félix. Pero lo que Coppola nos muestra, es que la alienación por su trabajo –cuya escalada profesional es evidente– le impide ver el tedio insoportable en el que vive Laura. Así que sus virtudes no quedan demasiado expuestas como para que Laura pueda percibir que su marido no tiene nada que ver con su padre, quien dejó a su mamá por otra mujer. 

En este punto arrancan los aspectos divisorios de la película: la coherencia interna se pierde, porque es imposible que un personaje como el de Laura acceda a las propuestas de Félix para exponer a Dean.

Sí es fuerte On The Rocks en la descripción del vínculo entre padre e hija. Algo de lo que tanto Coppola como Jones deben conocer dado quienes son sus papás: Francis Ford Coppola y Quincy Jones respectivamente.

Pero más allá de lo autobiográfico, la figura del padre ausente, quien de repente irrumpe para resolverlo todo en una aventura improbable, recuerda al cine de Woody Allen y a las viejas películas de enredos, algo inusual en el cine de Coppola.  

El tono agridulce de una trama genuinamente simple puede concentrar la atención de quienes están en el ánimo de ver algo ligero. Sin embargo, el caballo de Troya aquí –que por suerte no está lo suficientemente explicitado– es ese vínculo difícil entre papá e hija más que el de la supuesta crisis matrimonial que se intenta resolver, desde posiciones bastante fantasiosas. 

La identidad de Laura es donde Coppola hace pie al mostrarla como una mujer sencilla con una carrera truncada, mientras su glamoroso padre –un bon vivant que parece haber viajado en el tiempo, como algunas personas de las clases acomodadas que conservan ese charme y modales casi extintos– es todo lo contrario. 

Esa tensión hace que el vínculo entre los dos esté marcado por el arrepentimiento de Félix y los resentimientos de Laura que, si bien nunca se explicitan, brotan a través de las dinámicas del tiempo en pantalla que comparten Murray y Jones, con una química sólida y creíble. 

Lo doméstico como enemigo de lo creativo es un conflicto que podría haber tenido más desarrollo, pero Coppola elige la aventura que propone un padre frente a la vulnerabilidad de su hija. 

El hallazgo, tal vez, está en la reconstrucción de los roles de género, no desde la relación de pareja sino a través del vínculo hija-padre. El aspecto del supuesto “misterioso affaire en Manhattan” de Dean solo opera como excusa para mostrar lo irresuelto de esa relación, sin caer en el melodrama ni en lo heroico. El absurdo, aquí, expone el realismo de las relaciones complejas que a veces precisan de un inusual tiempo compartido para poner las cosas en su lugar. Siempre desde un lugar amoroso, no carente de sentimientos encontrados que no se terminan de resolver. Porque es una película de Sofía Coppola, y se supone que en ellas nunca pasa nada. 

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Indiferencia, jamás

Por Nano Barbieri

¿Cuántas cosas lloramos cuando lloramos? Hoy fue un día sin tiempo para gran parte del planeta que sintió por primera vez la ausencia de esa nave de sentido que es Diego Maradona. La tierra es un lugar descompensado, desvanecido, devaluado. Falto de aire. Ya no brilla aquel faro que miramos cada vez que pisamos sin dejar huella. 

No puedo, aunque quisiera ahorrar adjetivos. Esto no es un homenaje, ¿quién soy yo para rendirle un homenaje? Todo lo que digamos de él será un lugar común, en el mejor sentido de la expresión. La masividad del amor por él es desconcertante. Maradona no nos dio tiempo a la nostalgia porque nadie extraña lo que perdura. Nos contactó con absolutamente todas las emociones y estados de ánimo con excepción de uno solo: la indiferencia. Maradona es vida. 

Es cierto, pensamos que no moriría nunca. Se había encargado tantas veces de burlar a la muerte que parecía absurdo creer que llegaría el día. Pero un campeón, a veces, cae. ¿Cómo amar a un desconocido? ¿Cómo reconocer a un extraño hasta sentirlo propio, cercano, familiar? ¿Cuántas veces nos peleamos por él? ¿Cuántas veces nos sentimos redimidos por él? Redención, esa es la palabra. Sus victorias eran actos de justicia. Todas, Passman, todas. 

Para mí, Maradona representa la soberanía, esa innegociable independencia en relación a los deseos de los demás. Acaso su gran batalla haya sido también la lucha por la propiedad individual de su persona. A pesar de ser el producto más rentable de la humanidad, Maradona nunca fue de nadie. Espantó buitres y helicópteros hasta el último día de su vida y trasladó esa lucha, también, con sabida experiencia y épica, a una idea de soberanía de los pueblos. Su participación en el No al Alca, por ejemplo. O aquella vez que viajó a La Paz para defender el derecho del pueblo boliviano de jugar a la pelota en el lugar donde viven. Parece obvio, pero no. A nadie, absolutamente a nadie le importaba eso. 

Maradona defendió el juego. Pero no el fútbol: el juego. Lo impredecible, lo espontáneo, la frescura. La conexión con la vida. Diego le agradecía a la pelota, ni siquiera al deporte, que lo criticaba bastante por la estructura reglada y burocratizada. A la pelota le agradecía y le devolvía devoción. ¿Por qué el fútbol es algo tan serio siendo absolutamente irrelevante? Porque pone en valor lo único que nos conecta con lo que más felices nos hizo. Nadie jugó como él. Por eso también lo amamos. Porque nos defendió, hasta el último día de su vida, del agobio de vivir alejados de la alegría improductiva.  

“La pelota que tiré cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo”, escribía Dylan Thomas. La vida de Maradona cabe tal vez en ese verso. Aquel niño tímido y resuelto que miraba la cámara y ladeaba la cabeza para decir que su sueño era jugar el mundial estuvo vivo en Diego, latiendo como un corazón asustado. Por eso, también, lo amamos.  

¿De qué planeta viniste, hermano? El mundo está huérfano y llora, pero el amor por los padres, como dice Bernard Schlink, es el único del que no somos responsables. En honor a Diego seamos entonces lo que sea que podamos ser. Pero indiferentes, jamás. 

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Eclipses y nodos

Por Lu Gaitán

Hola, beibis. Hoy les quiero contar sobre los eclipses en astrología, ya que estamos en temporada de eclipses. El primer eclipse va a ocurrir el 30 de noviembre y el segundo, el 14 de diciembre. Antes de meterme en lo específico de estos eclipses, quiero hacerles una breve introducción a la temática de los Nodos lunares, porque en astrología los eclipses están vinculados a estos puntos. 

Los Nodos lunares son puntos formados por la órbita de la Luna alrededor de la Tierra, en intersección con la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Los Nodos se mueven en dirección opuesta al orden Zodiacal y, por eso, siempre están retrógrados: van del eje Aries-Libra, al eje Piscis-Virgo, Acuario-Leo y así sucesivamente. El Nodo Norte está a 180 grados del Nodo Sur. Por ejemplo, si el Nodo Norte está en Cáncer en el grado 17, el Nodo Sur está en Capricornio en el grado 17. La oposición es exacta. Cuando los Nodos son tocados por una luna nueva o una luna llena estamos en presencia de un eclipse. Entonces, al hablar de los Nodos, estamos hablando de un eje. En un extremo, está el Nodo Norte, también llamado Cabeza de Dragón, y en el otro extremo, el Nodo Sur o Cola de Dragón. Meternos en la temática de los Nodos implica entrar en el terreno de las vidas pasadas, los patrones conocidos y los comportamientos adquiridos en otra encarnación, en contraposición a aquello que necesitamos desarrollar para nuestra evolución en esta vida. Lo viejo y conocido viene con el Nodo Sur y lo que necesitamos desarrollar, con el Nodo Norte. Si te cuesta pensar en esto de una “vida pasada”, podés pensarlo como la experiencia de tus ancestrxs, lxs que estuvieron antes que vos y forman parte de tu linaje. De este modo, el Nodo Norte, el Ascendente y el Sol son puntos evolutivos de nuestra carta natal, o indicadores que nos marcan un camino a seguir, que no necesariamente será sencillo, pero que sí dará una recompensa: la certeza de estar viviendo de un modo que se acerque cada vez más a vos mismx y que no tenga que ver con las máscaras de personalidad que construiste para defenderte o para satisfacer a otres. Cuanto más en sintonía estés con esa parte de tu ser, más vital te vas a sentir. Pero primero vas a tener que vencer la inercia que te lleva a actuar una y otra vez como el Nodo Sur de tu carta natal o del tránsito del momento.

Los Nodos tardan 18 años en completar una vuelta. Por ello, a los 18 años, a los 36 y a los 54, nos vemos empujadxs a hacer movimientos que nos lleven a estar más alineadxs con la información que traen nuestros nodos natales. Son los años del Retorno Nodal. Y también los 27, los 45 y los 63 años son momentos para observar el camino recorrido y fijarnos hacia dónde queremos seguir andando. En estos años, el Nodo Norte en tránsito hace oposición con el Nodo natal.

Muchas personas dicen que los Nodos nos llevan a alinearnos con nuestro propósito de vida o el propósito de nuestra encarnación. Yo no estoy muy segura de que exista tal cosa. Siento que esa visión es un tanto determinista y que está vinculada a la cosmovisión que tienen los hindúes y la astrología védica, donde la idea del destino como algo que está escrito tiene muchísima fuerza. Soy occidental, así que hay algunas interpretaciones que no me cierran. Lo que sí te puedo decir, desde mi experiencia, es que cada vez que hay eclipses o tránsitos en torno a los nodos natales, el tiempo sucede de una manera bastante extraña. Por momentos, es como si el tiempo se acelerara bastante y luego se lentificara muchísimo. Los eclipses multiplican lo que sentimos habitualmente en las fases de luna nueva y luna llena. Si es un comienzo, como el que marca la luna nueva, se siente con todo. Si es un final, como el que marca la luna llena, se siente con todo también. Entonces mi consejo general es mantenerte lo más calma que puedas, aunque todo se sacuda a tu alrededor o inclusive vos misma estés sacudida. Creo que en estos casos lo mejor es tomar agua, respirar profundo y estar en contacto con la naturaleza. Es como si todo tu sistema se estuviese recalibrando y atravesando una reconfiguración profunda, lo mismo que pasa cada luna nueva y cada luna llena, pero potenciado.

Ahora bien, yendo a los eclipses que se vienen, tengamos en cuenta que el primero de ellos sucede el 30 de noviembre, con la luna llena en Géminis, y es un eclipse de Luna. Es el final de un ciclo que comenzó a fines de mayo, así que una vez más la sugerencia es que observes la conexión entre lo que está pasando ahora y lo que sucedía por entonces. Las temáticas que se van a estar moviendo, bien del Nodo Norte en Géminis que tenemos en este momento, tienen que ver con cómo tomamos decisiones, si lo hicimos solo basándonos en calenturas del momento, al modo del Nodo Sur en Sagitario, o si pudimos calibrar la racionalidad con eso que llamamos intuición. También vamos a estar observando qué pasó con nuestros vínculos de amistad en un año bastante particular. Además, vamos a estar revisando qué es lo que pasó con nuestras creencias y con esto me refiero a nuestras posiciones políticas, filosóficas y espirituales. ¿Seguís pensando igual que a fines de mayo o cambiaste tu forma de percibir el mundo? No digo que haya cambiado totalmente, pero fijate si se actualizó en función de este año tan sacudido. Si estás en el polo sagitariano del Nodo Sur, vas a estar en estado de aislamiento, a lo Donald Trump, sin reconocer su derrota electoral y acusando a quién sabe quién de fraude. Un detalle interesante es que Trump tiene la Luna en Sagitario, así que esto se parece bastante a un manual de astrología. Algo que me parece importante mencionar es que con los eclipses las cosas no tienen por qué suceder exactamente el mismo día del eclipse. Por eso hablamos de la temporada de eclipses y así estaremos hasta que venga la luna nueva en Capricornio de finales de diciembre. 

Después viene el eclipse del 14 de diciembre. Este es un eclipse solar. Cada luna nueva coincide con el comienzo de un ciclo de seis meses. Ahora bien, el detalle interesante es que esta luna nueva se da en conjunción con el Nodo Sur en Sagitario. O sea que es el comienzo de un ciclo nuevo donde estamos dejando atrás una forma de lo sagitariano. Sagitario está regido por Júpiter y Júpiter se estará uniendo a Saturno en Acuario y esto marca el comienzo de un ciclo de 200 años. Es un montón de información, perdonen. Lo bueno es que pueden volver a escuchar este y los otros capítulos que hablan sobre el 2021 cuantas veces quieran y obvio que también pueden tomar nota. El desafío será que nuestras posiciones sean reeditadas y reelaboradas en este contexto en el que estamos viviendo. Cuando hablo de posiciones, estoy haciendo referencia a posicionamientos políticos. Creo que todavía seguimos pensando que existe la neutralidad política o las posiciones apolíticas porque confundimos político con político-partidario. Y yo creo que político es todo lo que sea colectivo. Político viene de polis, de la polis griega, que hacía referencia a todo lo que no sea pura y exclusivamente individual. Creo que el gran desafío es empezar a pensarnos como parte de un entramado vincular, como parte de un colectivo que no solo incluye a los seres humanos, sino a todo lo que existe. Pensarnos desde una perspectiva sistémica, donde todo está vinculado y conectado. Suena muy hermoso cuando es mencionado, pero cuando lo bajamos a la tierra y lo empezamos a pensar en cosas concretas y cotidianas, nuestra forma de andar por el mundo tiene que modificarse por completo: cómo nos vestimos, qué comemos, qué vamos a estudiar, cómo vamos a ejercer nuestra profesión, cómo vamos a llevar adelante nuestro emprendimiento, qué características tienen nuestras relaciones, cómo amamos. Todo eso sujeto a revisión y en vías de ser actualizado. Si somos sincerxs con este proceso que viene con los Nodos en el eje Géminis-Sagitario, vamos a caer en la cuenta que nadie resiste un archivo y que tenemos derecho a cambiar nuestros puntos de vista. Lxs más dogmáticxs nos acusarán de barriletes o de oportunistas, pero yo creo que estamos en momentos de deconstrucción total, así que celebro que podamos cambiar y redescubrirnos. 

Ya estamos por hoy. Gracias por estar ahí y compartir este pódcast con tu gente querida.  

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Comunidades imaginadas

Por Nano Barbieri

La discusión del aporte extraordinario de las grandes fortunas fue un laboratorio de discursos, como cada vez que el parlamento trata temas medulares. Cada uno de ustedes tendrá una mirada sobre el tema, pero el espectáculo que brinda la representación política de los argentinos pone de manifiesto una paleta de colores bastante acotada y sobre todas las cosas desprovista de grandes sorpresas. La discusión vuela bajo, pero no por falta de formación o esas cosas que solo les interesan a los portadores de papeles. Vuela bajo porque falta imaginación. Vuela bajo porque viaja sobre las aguas estancadas de la repetición. 

Una estrategia recurrente de quienes se oponían a la retención era la de describir a los que hacen o hicieron la patria, o aquellos que, como dijo uno de los referentes de la oposición, “están trabajando hace 200 años”. Es interesante la referencia a los dos siglos porque subraya el componente aristocrático de las grandes fortunas y destruye, seguramente sin proponérselo, cualquier idea meritócrata de la acumulación de capital. 

Por otra parte, la referencia a los grandes millonarios (es importante recordar que son personas y no empresas) como motores de la economía, o como “aquellas personas que generan empleo”, presenta la discusión en términos patronales, ¿no? Presenta la pregunta del siguiente modo: ¿cómo vamos a ser tan desagradecidos de pedirles un esfuerzo extraordinario a quienes nos dan trabajo? Dar trabajo, qué expresión horrible. Lleva una tintura de filantropía que pocas veces o nunca se pone en cuestión. Olvida, en el mejor de los casos, que se trata de una relación.

Pero me voy a quedar con el concepto de patria, esa idea difusa que genera consensos masivos. Los contextos de emergencia, tumultuosos, las grandes crisis, inevitablemente recurren a la épica de la patria, esa especie de fin último que justifica los medios. Pero ¿qué es la patria? Comunidades Imaginadas, había dicho el historiador Benedict Anderson: una nación es una comunidad construida socialmente, imaginada por grupos de personas que se perciben a sí mismas como parte de otro gran grupo, una nación.

¡Qué insana envidia me provoca esa síntesis conceptual! La patria, una nación cualquiera, un país, son esencialmente propuestas de homogeneidad como vínculo político y cultural. La idea de patria resuelve la tensión entre lo universal y lo particular. Pero lo hace en un acto de imaginación y con un interés particular, de más está decirlo. ¿Qué patrias, cuántas patrias estaban en juego en ese parlamento? ¿Es acaso la hegemonía sobre la idea de patria el resultado último de las disputas políticas? Hay gente –mucha gente– que murió creyendo que lo hacía por la patria. 

La patria es también una identidad geográfica. Pero, para que esto suceda, fue necesario que quienes habitan dentro de un determinado territorio consideren que tienen más cosas en común entre ellos que con aquellos que no viven dentro de los límites de la nación. De acá para allá, hermanos. De acá para allá, amenaza. ¿Habrá en las reiteradas menciones a la patria, nuestras patrias, una idea cabal de federalismo?

Por último y retomando la cita de los 200 años, la patria tiene esa enorme capacidad, como la religión, de transformar la tragedia de una vida miserable en hermosa continuidad. Nuestra Comunidad Imaginada cuenta con un pasado inmemorial y un futuro ilimitado que permite la conexión de los muertos con aquellos que no han ni siquiera nacido aún y con los hijos de ellos también. Del esperma a las cenizas, todos llevamos la misma bandera. El revisionismo histórico se sostiene bajo esta premisa. La importancia política de delimitar aquel origen impacta en el presente como un trasplante genético. Ojo, no somos aquello que creíamos que éramos, sino esto otro que traigo acá. 

En medio del hastío que significaron muchos de los discursos que escuchamos, pienso que las reiteraciones tienen ese fundamento: consolidar una idea de patria narrada como un cuento de nunca acabar. Hay una discusión más larga y transversal a todos estos debates y es la resultante de poder desarmar los laberintos que nos llevan siempre hacia la misma puerta cerrada. En ciencias sociales eso tuvo un nombre y se llamó poscolonialismo. Como aprender a hablar otro idioma.

Luego, claro, será necesario hacer algo con ese asombro. 

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Lilith: salvaje, indómita y rebelde

Por Lu Gaitán

Hoy quiero hablarles de Lilith desde la mitología y la astrología. Un detalle importante sobre Lilith es que este indicador empezó a ser utilizado en astrología hacia finales de la década de 1970 y esto va de la mano de la necesidad de revisar el componente patriarcal que también está presente en la astrología. ¿Cómo podría nuestro lenguaje estar exento de patriarcado? La astrología es un lenguaje que habla de la relación de los seres humanos con el universo y está atravesado por las mismas condiciones que el resto de las creaciones humanas. También creo que la astrología es un lenguaje simbólico que hace referencia al mundo en el que vivimos, que nos permite comprender las vivencias que tenemos los seres humanos y, si nuestra sociedad está cambiando, entonces necesitamos nuevos indicadores o interpretaciones que den cuenta de estas transformaciones.

Lilith fue la primera mujer de Adán y cuenta el mito que ella quería coger estando arriba de él. Lilith quería estar en igualdad de condiciones que Adán y esa es la razón por la que es expulsada del Jardín del Edén. Ella va a parar al Mar Rojo, hogar donde habitan los demonios y símbolo de la menstruación. Es interesante que cuando viene la menstruación es vivida como un alivio, sobre todo cuando no estás buscando quedar embarazada. Por otro lado, es interesante observar el tabú que hay en nuestro mundo occidental sobre el sangrado menstrual. El sangrado es Lilith, la excluida del Jardín del Edén; el ciclo menstrual es la Luna. También se decía que Lilith asesinaba a les niñes recién nacides como una venganza a Dios, de ahí que Lilith esté asociada a la brujería, al diablo y sea considerada la primera mujer feminista (por el rechazo a la maternidad y el deseo de vivir la sexualidad libremente que aparece en la mitología). 

En astrología, Lilith no es un planeta ni un cuerpo físico sino que es un punto en la órbita de la Luna. Su significado en la carta natal refiere a esa parte salvaje, indómita, que se rebela, que tiene algo impredecible y potencialmente destructivo. Según Jesús Gabriel Gutierrez, Lilith en nuestra carta natal nos habla de algo que quedó irresuelto a nivel ancestral: enojos, deseos o libertades no vividas de nuestras ancestras. Por eso, creo que podríamos pensar en Lilith astrológica como una mezcla de indicadores: tiene algo de Luna, algo de Urano, algo de Plutón, algo de Marte y algo de las casas 4, 8 y 12. Aunque Lilith está presente en la carta de todes, creo que tiene una mayor resonancia con las mujeres y disidencias sexuales. Ahí donde tengas a Lilith en tu carta natal, vas a tener información sobre lo que tus ancestras no pudieron expresar y ese enojo heredado te lleva a actuar ciegamente, sin la conciencia total de lo que estás haciendo. 

Si tenés a Lilith en un signo de fuego, hay chances de que tus ancestras hayan ocupado lugares satelitales respecto a los varones de la familia y eso generó muchísimo enojo. Después de todo, el elemento fuego está vinculado al deseo, la autonomía y ocupar lugares de liderazgo o protagonismo. Si tenés a Lilith en un signo de tierra, puede ser que tus ancestras hayan sido desheredadas, que hayan querido trabajar y no pudieron, o bien, que su trabajo haya estado muy mal pago y no reconocido. Si tenés a Lilith en un signo de aire, es probable que tus ancestras hayan querido estudiar y no hayan tenido esa posibilidad, o que hayan sido acusadas de locas, histéricas o desequilibradas. También puede ser que no tuvieran el deseo de casarse y sí de tener relaciones más libres. Ahí está la fuente del enojo ancestral. Si tenés a Lilith en un signo de agua, puede ser que tus ancestras tuvieran algo místico o esotérico muy profundo y estos saberes hayan quedado silenciados. También puede ser que tuvieran una forma de vivir la sexualidad que no encajaba con los patrones de la época y algo parecido puede ser en relación al deseo de tener hijes. Es probable que no desearan la maternidad pero que fueron obligadas a serlo. 

A principios del 2020, Lilith entró en el signo de Aries y ahí se quedó hasta octubre. Está una media de 9 meses en cada signo. Cuando declararon la cuarentena en buena parte del mundo, Lilith estaba haciendo conjunción a Quirón en Aries y entre los múltiples problemas que aparecieron durante el encierro, se hicieron evidentes la violencia doméstica y la violencia de género. Esta es una problemática social que se agravó durante el encierro. Y, por supuesto, esto despertó la furia de quienes vienen haciendo referencia a estas temáticas desde hace muchísimo tiempo. En el esquema tradicional astrológico de domicilio, exilio, exaltación y caída, Lilith se siente a gusto ahí donde la Luna y Venus no. Yo no creo que estas categorías tengan que ser utilizadas a rajatabla sino como para ayudarnos a pensar y comprender los símbolos. Después de todo, la astrología es un lenguaje simbólico. Entonces, Lilith está expresando sus cualidades arquetípicas, o sea, el mito de manera pura, cuando está en Aries o en Escorpio, ahí donde Luna y Venus hacen ruido. Lilith en Aries, durante todos estos meses del 2020, expresó la potencia del enojo: a veces es la única manera de romper con lo que nos ata. Fijate que esta es una de las primeras críticas que se le hace a este movimiento: que las mujeres se han vuelto muy cabronas, como si el enojo fuese patrimonio exclusivo de los varones. Bueno, son los únicos que tienen el permiso social para enojarse. Por otro lado, Lilith en Aries también se encontró con Marte en Aries hacia finales de septiembre y, en esos momentos, empezó a ser evidente que los incendios en Argentina y en otros lugares del mundo están asociados a la tala, el desmonte, el cambio climático, la ganadería y la necesidad de tener tierras aptas para producir alimentos, que irán a alimentar animales que luego irán al matadero. Esto despertó la furia de muchxs y empezó a hacerse evidente que la violencia contra las mujeres y disidencias sexuales es la misma que nuestro modelo productivo aplica sobre los animales y la tierra. 

En este preciso momento, Lilith está en el signo de Tauro y se acerca a la conjunción con Urano. Yo creo que este tránsito dejará aún más en evidencia que los feminismos necesitan ir de la mano de la conciencia ambiental. Que la soberanía de los cuerpos es la misma que reclamamos cuando pedimos soberanía alimentaria y agroecología. Desde que Lilith entró en Tauro, se aprobó la ley de uso medicinal del cannabis y también se envió el proyecto de ley sobre el aborto al Congreso. Además, se está tratando un proyecto que busca garantizar que los productos de higiene menstrual sean accesibles para todes, que se les quite el IVA y que esa campaña incluya productos de higiene que sean ecológicos, como la copa menstrual, que es reutilizable y tiene larga vida. 

La astrología no dice que los planetas o el cielo causen cosas en la Tierra, solamente señala sincronicidades. Y, en este caso, me parece que la conexión simbólica es bastante potente.

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Carmel: Nadie mató a María Marta

Por Juli Fantini

La primera impresión, de las decenas que causa la reconstrucción del caso, es que opera de antesala al juicio que se le seguirá a Pachelo y los vigiladores del country donde mataron hace 18 años a María Marta García Belsunce.

Esta idea se introduce en el tramo final en el cual se dispone por escrito la situación de cada uno de los protagonistas de la docuserie, y sirve de clave de lectura que cambia todo lo visto durante las casi cuatro horas que dura la producción de Netflix. 

Porque ese juego de reforzamiento de prejuicios y revelaciones, pero, sobre todo, de minuciosa reconstrucción con pretensiones de distancia objetiva de un femicidio que tuvo la atención de un país –literal– durante varios meses, tiene una noción de actualidad que suma, una vez más, la especulación respecto a las intenciones.

El devenir de los procesos judiciales puso a los integrantes del clan y a sus allegados en una obvia posición defensiva, construida desde la victimización. Mataron a María Marta, su vida y sus relaciones son poco abordadas por la prensa del momento, por lo que se muestra de los expedientes judiciales, y por la mayoría de los testigos-protagonistas. Los elementos que podrían dar cuenta del móvil y, como se introduce al final, la posibilidad de que haya sido asesinada por su condición de mujer. Esto es inquietante, leído al calor de cómo ahora sabemos qué significa la perspectiva de género y cómo se incorpora a las investigaciones y decisiones judiciales.

El título “Nadie mató a María Marta” de Clarín funciona como síntesis de lo que vemos, porque, de manera cínica, advierte que la narrativa construida –tanto por las apariciones mediáticas de los involucrados como por las decisiones de edición del documental– no se ocupa de responder la pregunta del título de Carmel (¿Quién mató a María Marta?) e, insistimos, abre las puertas del nuevo juicio, ¿el definitivo?

Otro crimen irresuelto –el del fiscal Alberto Nisman– fue motivo de la producción de Netflix El fiscal, la presidenta y el espía y, en ese caso, sí abre los interrogantes sobre los posibles móviles e hipótesis. Estas dos producciones que se meten con la historia criminal reciente argentina y la inminente llegada de otro que se ocupará del femicidio de Nora Dalmasso se enmarcan en un fenómeno televisivo que saltó de los pódcasts a las exitosas series apodadas “true crime stories”. Historias de crímenes reales que, en clave documental, revisan casos con ciertas marcas que ya son un subgénero con los recursos de la TV de prestigio, pero en la misma senda de Memoria, de Chiche Gelblung: sacarle el jugo a lo que la justicia no alcanzó a hacer. 

Algunos de los true crime vistos han logrado cambiar el destino de las causas, otros solo sirvieron a fines propagandísticos, y también conectaron a las audiencias con la memoria histórica, dándoles una perspectiva que, tras el paso de los años, ponen a quienes miran en su posición favorita: la del detective.

El punto de vista del true crime es el de un narrador en segunda persona que coloca los elementos, recrea ficcionalmente ciertos momentos como en del propio crimen, indaga en la información de los expedientes y la muestra, además de ostentar unos niveles de producción donde el dinero y la pericia hacen que aparezcan en cámara aquellos que durante años guardaron silencio (Stiuso en el caso Nisman, Molina Pico en el caso María Marta).

A propósito del uso de una actriz que representa al cuerpo de María Marta tirado entre el baño y el cuarto –recordemos, Chiche y otros usaban muñecos–, hay un detalle hacia el final de la serie que dura unos segundos, pero que es relevante. En el desenlace, la actriz se levanta y es asistida por personas de la producción, mientras la cámara se aleja y muestra, efectivamente, que no es la casa de los Carrascosa, sino un set. 

La ruptura de la reconstrucción ficcional en esa pequeña escena puede leerse como una decisión de incorporarse como autores del relato, así como de un diseño narrativo que es consciente de que no todo lo que se mostró da punto final a esta historia delirante de injusticias en ese gueto de ricos que parecen no pedir permiso y hacen las cosas a su manera, gracias a las profundas conexiones con el poder.

El alto estándar de producción es un valor añadido porque, básicamente, no abunda esta cantidad de dinero y tiempo en la Argentina. Pero no debería considerarse más que eso: una pátina del poder del dinero, que recubre a Carmel de una noción de verdad cuando, en realidad, no nos deja nada más que vacío, desde un disfrute emocional asociado al morbo y a la posibilidad de volver a ver algo que nos cautivó como espectadores de TV abierta, ahora enganchados con el streaming.

Así, el volver a contar de Carmel, desde un diseño y estética probadísima, aporta decenas de tuits, mensajes, posteos a la conversación cotidiana de las y los argentinos que vieron en vivo y en directo el show mediático asociado al asesinato, aún irresuelto. Pero no hace justicia con la víctima, solo refuerza los elementos extravagantes de una familia de dinero, las condiciones de vida del country, y los insoportables vericuetos y errores judiciales que desembocaron en que lo que podría haberse hecho pasar por un simple accidente doméstico resultó en una mujer asesinada con saña. Seis balas disparadas en una casona de Pilar que aún resuenan por la impunidad que, a pesar de los procesos seguidos contra muchos, solo demuestra que los secretos están muy bien guardados. 

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Hachas y verdugos

Por Nano Barbieri

En su libro Vigilancia Líquida, Zygmunt Bauman tira una frase casi a la pasada. Lo dice como un comentario entre amigos, con un dejo de enojo o de desencanto. Dice: ya no desarrollamos técnicas para hacer lo que queremos hacer, sino que seleccionamos cosas para hacer solo porque existe la tecnología para hacerlas

La recordé viendo un partido de fútbol en el que una docena de cámaras intentaban encontrar una infracción donde nadie más la vio. Detrás, el juego seguía, pero el foco era el error, cualquier error que pudiera habérsele traspapelado al árbitro, al relator o al hincha desprevenido. Había tantas cámaras para verlo que era un desperdicio no hacerlo. Y no encontramos nada. 

La hipótesis del autor polaco es mucho menos la idea de una sociedad aborrecida por el excesivo uso de la tecnología que la existencia de una sociedad que descuida o se desentiende de los fines, cualesquiera sean esos fines. No solo los propios, sino incluso aquellos contrarios a su propia cosmovisión. Una especie de sucesión de acciones irreflexivas en donde la distinción de medios y fines es bastante insignificante. 

Hubo una guerra, dice Bauman, y la ganaron las hachas a los verdugos

Es una frase escalofriante que introduce, por el rabillo de la mirada, a la clásica discusión de las formas y el contenido en la política. ¿Qué nos molesta y que nos atrae de la política? ¿Dónde se resuelven las tensiones y las contradicciones culturales? ¿En el concepto o en su presentación? Las cadenas de equivalencias que nos permiten asociar significados sin mayores esfuerzos resuelven cada vez con mayor velocidad la vieja batalla cultural en una sucesión de eslóganes que explican, entre otras cosas, el éxito de los formatos cada vez más acotados de las redes sociales virtuales. ¿Cuánto nos interesa esa discusión por fuera del juego de las plataformas? ¿Acaso tan solo discutimos porque están ahí? Las hachas. ¿Dónde se expresarían hoy los 700 millones de tweets que se publican cada día?

En otro orden, la socióloga marroquí Eva Illouz tuvo una idea desconcertante. Se propuso escribir un libro para explicar por qué el amor duele, pero también, y sobre todas las cosas, por qué el amor no es un sentimiento individual, sino una experiencia social. En ese recorrido, también recoge el guante para hablar de algo similar a lo que hoy conocemos como la idea de responsabilidad afectiva. En el abandono de grandes relatos que supone la modernidad, dice la autora, el amor resulta uno de ellos. En el camino, Illouz cuestiona, por ejemplo, que la ética haya quedado, en medio de la revolución sexual, fuera del ámbito del sexo. El proyecto de la autoexpresión por medio de la sexualidad, explica, no puede quedar separado de la pregunta por nuestros deberes frente a las otras personas y sus emociones. ¿Cuál es el sentido de nuestras relaciones, si es que acaso tiene alguno? ¿Puede aislarse como un elemento de independencia a la búsqueda de la satisfacción personal? En este sentido, una nueva cita inquietante de la autora marroquí. Dice: Si consideramos que el culto a la libertad en la esfera económica puede producir consecuencias devastadoras y que, de hecho, las produce. Entonces, como mínimo, debemos preguntarnos por sus consecuencias en la esfera de las relaciones personales, emocionales y sexuales

¿Es una característica de nuestra época el desapego de los fundamentos? ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos? La más maravillosa cuenta de Twitter –ya que hablamos de los medios– se llama The tweet of God. Ahí, en la cuenta de la Dios, el señor reflexionó en sus restringidos caracteres y dijo, desde el más allá: Nunca antes hubo un tiempo mejor que este para no tener pruebas sobre algo. Esta columna se inscribe hoy en esa dirección. Haciendo uso de un puñado de señales y, tal vez, alguna coincidencia, me animo a decir que los días se parecen entre sí, no tanto por su similitud, sino más bien por su liviandad. 

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¿Podemos vivir sin libros ni teatro?

Por Gonzalo Marull

En noviembre de 1995, en un congreso de teatro en Canadá que llevaba por título “¿Por qué teatro? Decisiones para el nuevo siglo”, le preguntaron al extraordinario dramaturgo alemán Heiner Müller  justamente por el título del congreso, y contestó: “Creo que la única alternativa de llegar a encontrar una respuesta sería cerrar todos los teatros del mundo durante un año. Sería ideal seguir pagando a la gente sin que realizase su labor artística, pero durante un año no harían nada y después, quizás, se sabría por qué teatro. Quedaría claro lo que falta, si es que faltase de veras. También podría ocurrir que la gente en ese año se acostumbrara a vivir sin teatro”. 

Veinticinco años después, hemos hecho realidad la visión de Müller (no de manera voluntaria claramente): un año sin teatro. Y la pregunta queda resonando cada vez más fuerte: ¿nos hizo falta? ¿La gente se acostumbró a vivir sin teatro? ¿Solo los que nos dedicamos al arte lo sentimos como alimento espiritual?  ¿Solo lo virtual es sinónimo de futuro?  Que la palabra original tenga la misma raíz que la palabra origen, ¿no nos dice nada?

Yo no puedo responder a estas preguntas, solo puedo formularlas como lo hizo Müller en su momento, y seguir haciendo muchas preguntas más, que es en definitiva lo que el mejor teatro hace: plantear preguntas. 

Ayer visité, luego de mucho tiempo, a mis sobrinos y sobrinas. Estábamos jugando, y se me ocurrió pedirles que dibujaran un libro. Buscamos papel y lápices. Felicitas (6 años) dibujó la tapa de un libro muy bello que ella tiene y me dijo que un libro es “algo de inspiración, que te saca algo del corazón, es como un paisaje, por ejemplo: un duende en la luna, un cohete en un parque de diversiones”. Eloisa (4 años), que dibujó “un príncipe y una princesa”, me dijo que un libro “es lo que te leen para ir a dormir”. Cristóbal (8 años) dibujó un libro abierto y puso estas palabras en su interior: “Para mí un libro es para leer, escribir y pensar muchas cosas”. Gregorio (5 años) dibujó dos libros, el de Los vengadores y el de Baby Yoda. Delfina (9 años) se dibujó a ella misma sosteniendo un libro y me dijo: “Un libro es como entrar a otro mundo en donde podés ser lo que quieras ser”. 

Luego les pedí que dibujaran internet.  Sí, internet. Se quejaron un poco. Cristóbal gritó: “¡Es imposible de dibujar! ¡Voy a dibujar un cuadrado!” y terminó dibujando un celular. Camilo (4 años), imitando a su hermano mayor, también dibujó un celular. Francisco (8 años) dibujó una persona con un celular y una antena muy grande que le manda energía. Eloisa me dijo que internet “es como si algo se acaba de prender: un auto, la tele o la tarjeta”, y dibujó una televisión. Felicitas me dijo que “es algo que se usa para los aparatos eléctricos, se usa para la pantalla” y dibujó una computadora. 

Internet claramente no tiene forma y está fuera de toda escala. Para ellas y ellos adquiere la forma de un aparato tecnológico. Cuando les pedí que dibujaran internet no se les ocurrió dibujar palabras, ni conocimiento, ni canciones, ni mucho menos teatro; siendo que aparentemente en su interior cabrían todas estas cosas. 

En estos días hubo fusiones, mezclas y experimentos en los que surgieron formas teatrales a través de las pantallas. Propuestas que parecen incluir la pregunta: ¿dónde aparece la teatralidad en todo lo que se filma? ¿Una nueva mezcla entre cine y teatro? ¿Un tercer lenguaje? El Teatro San Martín de Buenos Aires los llamó “Modos híbridos”, un título que me parece muy acertado. Allí pudimos ver El Barco, prólogo de La Saga Europea, una obra escrita por el talentoso Mariano Tenconi Blanco y dirigida por el autor, junto a la cineasta Agustina San Martín, y Happyland, extractos y perfumes, una producción audiovisual sobre el espectáculo que Alfredo Arias y Gonzalo Demaría estrenaron la temporada pasada. Pero también pudimos ver la bella inauguración del “Décimo Festival de Teatro para la Infancia y la Juventud” que se realizó en Córdoba, que utilizó y explotó muy bien esta modalidad “híbrida”. 

Es tal vez la forma creativa que estamos probando ante la imposibilidad de encontrarnos en asamblea presencial. Porque la creatividad en definitiva es eso: cruces, encuentros, mestizajes, embarazos, intersecciones. 

Pero ¿nos alcanza para pensar el futuro?

Por un lado el teatro presencial, el “libro objeto”. Por otro lado, libros y teatro encapsulados en pantallas. 

En la novela Farenheit 451 de Ray Bradbury, se presenta una “sociedad del futuro” en la que los libros están prohibidos y existen “bomberos” que queman cualquiera que encuentren. Los grupos de resistencia se dedican a memorizarlos (para no ser encontrados con el objeto) y así poder compartir las mejores obras literarias del mundo a las futuras generaciones. Los cuerpos son finalmente los receptores del conocimiento. 

Cuando pienso en los libros de mi infancia se me vienen a la mente las enciclopedias. Muchas y muchos dirán: “El Wikipedia de tu época”. Pero lamento decirles que las enciclopedias de mi casa tienen una historia. Cronológicamente, la primera enciclopedia en llegar al hogar es la que mi madre se trajo de Rosario luego de su casamiento, era la de su infancia, la había comprado mi abuela en cuotas: la Enciclopedia Ilustrada Sapiens. Tenía buen contenido, sus imágenes estaban en blanco y negro, y no eran tan vistosas, pero nunca olvidaré las banderas de países al final porque estaban a color. Mi mamá es profesora de inglés, su siguiente enciclopedia fue la Collier’s, imponente, de 26 tomos, con la que mi madre se iba a dormir enamorada. Cuando algún conocimiento se escapaba de las enciclopedias en castellano, mi madre nos lo traducía de allí. Luego apareció en la vida familiar Oscar, un estudiante de historia que vendía libros a domicilio, con él ingresó la Enciclopedia Salvat (12 tomos, muy fina, no podía salir del hogar), luego la Enciclopedia Temática Océano Color y El juego y la ortografía. La enciclopedia que más me conmovía era la Alfatemática, y principalmente la práctica; la recuerdo porque me conectaba con mi padre y con la ciencia como juego, con ella aprendí a hacer sellos con papas, un calidoscopio, una brújula, una ilusión óptica con espejos, a teñir con piedras, y muchísimas cosas más. Luego llegaron las novelas, la colección Robin Hood, de tapa amarilla dura, con Robinson Crusoe, Mujercitas, El llamado de la selva, Los tigres de la Malasia, Cuentos de navidad, El mago de Oz… 

Los libros muerden. Muerden para siempre. Te marcan de por vida. 

Creo que hay mucha gente que tiene necesidad de volver a lo corpóreo, tras un año de euforia (obligada) virtual. Eso que sentimos cuando soltamos la computadora o el celular, y nos vamos a nuestra pequeña biblioteca a tomar un libro o cuando nos dormimos con él en el pecho. 

Internet es abstracto, inimaginable, a veces angustiante, a su vez con un simple corte de energía puede desaparecer; mientras que la escala humana de los “libros objeto” y el teatro, aunque no pueda salvarnos del  tiempo acelerado, al menos sí nos puede dar una tregua. Libros, bibliotecas y teatros son espacios sagrados en los que podemos refugiarnos si nuestros cerebros no pueden asumir la nueva velocidad que pretende imponer este mundo. 

Internet es un gran fantasma incorpóreo que no para de alejarse de la escala humana. Me queda claro en la diferencia abismal que aparece en los dibujos y definiciones de mis sobrinas y sobrinos (que son niñas y niños que representan el futuro). Frente a ese nuevo universo infinito (al que no vamos a negarnos y del que intentamos aprender; mi visión no pretende ser nostálgica, ni reaccionaria); los libros, como el teatro, tienen cuerpo, tienen forma, tienen un pase libre y directo a la imaginación y, por eso, finalmente, nos dan un poco de consuelo. 

Entonces, luego de un año de teatros cerrados y “libros objeto” en claro peligro de extinción: ¿podemos vivir sin libros ni teatro?

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Arcano IV: desafíos 2021

Por Lu Gaitan

El otro día en stories de Instagram me preguntaron qué pensaba sobre el año que viene, el 2021. Y hoy quiero profundizar en este tema vinculando astrología y tarot. Algo ya les estuve contando hace un par de semanas por esta misma vía. Pueden escuchar ese capítulo si aún no lo hicieron. Para analizar el próximo año a partir del tarot, podemos sumar los números del año y esto nos da 5. 2 más 0, más 2, más 1 da 5. En el tarot, el arcano número 5 es El Papa. Y para explicarles un poco de esto, quiero que sepan que estuve charlando con mi amiga y maestra, Karen Diaz.

Antes de meternos en los desafíos del año 2021, es fundamental que pensemos en el arcano 4, el arcano anterior al Papa. El arcano 4 es El Emperador. El 2020 ha sido un año 4, siguiendo con la misma lógica de antes. Esta figura se parece bastante al Saturno astrológico según Beatriz Leveratto, astróloga y tarotista. Y ya vamos terminando este año calendario, así que ya podemos comprobar si esta analogía funciona. El 2020 fue un año donde no pudimos hacer lo que teníamos ganas, siguiendo el simbolismo del Emperador y del Saturno astrológico. Tuvimos que desarrollar bastante nuestra paciencia y nuestra vida cotidiana estuvo y está atravesada por las normas que impusieron las autoridades. Creo que uno de los grandes aprendizajes de este año ha sido la paciencia y trabajar de manera sostenida para que las cosas sucedieran. De hecho, astrológicamente podríamos decir que el año 2020 tiene el sello de la triple conjunción de Saturno, Júpiter y Plutón en Capricornio. Capricornio está regido por Saturno. Así que ya ven como todos los símbolos nos llevan a interpretaciones muy similares. Creo que esta es una de las formas de no caotizarse con la información que circula: uniendo indicadores. De repente, me siento como el meme de las matemáticas, viendo como todo se conecta con todo.

El 2021, astrológicamente, está caracterizado por la conjunción de Saturno y Júpiter en Acuario. Y, siguiendo la numerología del tarot, es el arcano 5, El Papa. Es un montón de información junta que voy a proceder a desarmar, no worries. Pensemos que el 2020 es un año 4, y desde la astrología decimos que comenzó un ciclo de casi 40 años. Por eso, es tan importante todo lo que decidamos: los caminos que elijamos, los debates y las batallas colectivas que se están dando en relación a la tierra, la producción de los alimentos, las formas de vivir, los feminismos, las disidencias sexuales, etc. En el 2021, año 5, ya estamos yendo hacia esos rumbos, pero sin saber si va a funcionar lo nuevo.

En el 2020, cambiaron muchas cosas: el uso del tiempo, los viajes, la circulación en las ciudades, la forma de trabajar y ganar dinero, muchas personas también cambiaron su forma de alimentarse y veo cómo se está abriendo la conciencia ambiental, lenta pero sostenidamente. Creo que hay muchos de estos cambios que vinieron para quedarse: el trabajo en casa, las clases online, la vida indoor y las fronteras de los países cerradas. Todavía no sabemos bien si podremos sostener esta forma de vida a largo plazo, si no tendremos mayor ansiedad, depresión, si estar encerradxs no nos hace más vulnerables a las enfermedades porque nos falta sol, cómo harán las economías para recuperarse después de esta gran recesión y tampoco sabemos cómo será ese mundo que tendrá a Oriente como poder hegemónico.

Es interesante que en astrología decimos que la conjunción de Saturno y Júpiter en Acuario está marcando el comienzo de un ciclo de casi 200 años. Con astrología, vemos un ciclo adentro de otro ciclo y otro ciclo. Entonces está comenzando uno de casi 40 años y otro de casi 200. Es un montón, ya lo sé. Y las personas más sensibles a estos cambios estarán sintiendo que es necesario ir más a fondo en las búsquedas que hayan iniciado antes, sin tener certezas absolutas sobre esos proyectos, pero con la sensación de que hay que ir por ahí, sí o sí. Como les decía antes, también veo personas con deseos de emigrar de las grandes ciudades a entornos con mayor naturaleza y armar economías cooperativas. No sabemos bien cómo se hace esa vida nueva, pero sabemos que la vieja normalidad no funciona más.

Bea Leveratto también dice que el arcano 5 del tarot, El Papa, que es el que le pone el sello al año 2021, se parece bastante al Júpiter astrológico. Pensemos en la figura del Papa como alguien que divulga la palabra de Dios, que hace referencia a un orden que lo excede, que él no creó pero que sí puede darles indicaciones a los demás sobre cómo vivir, de acuerdo a la palabra sagrada. De este modo, el Papa está haciendo de puente entre el cielo y la tierra, entre Dios y los devotos de la religión, o usando una analogía más cercana, entre la cabeza y el cuerpo. La cabeza pensada como el cielo. El cuerpo pensado como la tierra. Entonces, el año 2021 es un año para empezar a materializar esas ideas que tenemos hace tiempo. Bajarlas a la tierra y empezar a manifestarlas, aunque lleve tiempo y no sea exactamente como lo imaginamos.

Además, hay otros niveles de información: El Papa tiene una función conservadora, tiene que sostener el statu quo y, para ello, miente. ¿De qué tipo de mentiras se trata? Creo que, sobre todo, se trata de mentiras que van a negar la información que vaya en contra de la doctrina religiosa, de un dogma, una cosmovisión, una ideología, una posición política. Para la astrología, todo esto es temática jupiteriana. Entonces, creo que en el 2021 vamos a ver cómo algunos sectores se vuelven más fanáticos aún en sus posiciones, aunque la evidencia demuestre exactamente lo contrario. En el 2021, el eje nodal seguirá estando en Géminis-Sagitario. Júpiter rige a Sagitario. (Perdón por tantos nombres técnicos y tantas conexiones, pero creo que es fundamental que sepan por qué digo lo que digo, cuáles son los indicadores que estoy tomando para llegar a estas conclusiones). Uno de los desafíos del eje nodal en Géminis y Sagitario es todo lo vinculado a la información, dónde nace la información que circula por medios de comunicación y redes sociales, las fake news y esa cosa muy de esta época que sostiene que cualquiera puede dar su opinión y su visión sobre cualquier cosa, sin importar qué, cómo y cuándo y eso puede terminar en comentarios violentos o fascistas o en declaraciones de una influencer de redes sociales que sostiene que las enfermedades se curan simplemente cambiando la actitud que uno tiene ante la vida.

Nunca negaría la importancia de la actitud que tomamos ante cualquier problemática que nos atraviese. Esta es una de las paradojas a la que nos vamos a enfrentar durante el año que viene: cada unx puede decir lo que quiere, pero eso que decimos no puede ir en contra de determinados valores. ¿Cuáles son esos valores entonces? Ahí estará la disputa durante el año que viene y, probablemente, tenga que ver con la bandera de la libertad. Por poner un ejemplo, estos días estamos en medio de la cuenta de votos de las elecciones en EE. UU. y Twitter censuró a Donald Trump. Por ahora es gracioso y se parece bastante a una suerte de justicia digital, pero mañana esto puede darse vuelta y otrxs pueden llegar a ser censurados. Con Júpiter y Saturno en Acuario en el 2021, debemos estar atentxs al poder de la tecnología y las redes sociales. Por supuesto, también será el año donde empiece a crecer la potencia de lo comunitario y de la sociedad civil, pero no podemos customizar la realidad a nuestro gusto.

Una de las grandes problemáticas del 2021, que también estuvo presente en el 2020, es la información vinculada al coronavirus y su contagio. Hubo infinitas versiones sobre este virus: científicas, simbólicas, ambientales, conspirativas y energéticas. Y, por momentos, fue tanta la información que era muy difícil saber qué era cierto. En lo personal, bien al modo geminiano, creo que es probable que sea todo a la vez. En el 2021, los conflictos en la comunicación serán en torno a los efectos de la vacuna, pero también entre quienes sostienen que la ciencia es la verdad máxima, universal y objetiva, olvidando que eso que llamamos objetividad también es una construcción intersubjetiva.

¿Esto quiere decir que al final todo es igual y que no existe la verdad, como dicen lxs posmodernxs? No creo que vaya por ahí la cosa, creo que, tanto en la ciencia como en astrología, necesitamos empezar a construir conocimiento reconociendo desde qué lugar estamos elaborando metáforas o teorías. Creo que eso nos va a alejar de la soberbia intelectual, pero también de la posverdad y del caos de no saber. Este es otro de los desafíos del año 2021. Hasta acá llegamos por hoy.

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The Undoing: Deberías haberlo sabido

Por Juli Fantini

Esta reseña no contiene spoilers

Los dos capítulos emitidos dejaron planteado el conflicto principal de esta miniserie de HBO que repite varias fórmulas probadas, y cuyo título, de la novela que adapta, anticipa prácticamente todo. Si bien acumula críticas malas o regulares, lo cierto es que, en su ley, funciona, justamente por ser una serie “de fórmula”.

The Undoing hace espejo en otra serie de David Kelley también protagonizada por Nicole Kidman: Big Little Lies. Y, como aquella, sigue el molde de TV de prestigio que tiene varios antecedentes de Kelley en su forma de hacer las cosas. No debería sorprender, entonces, que The Undoing tome los caminos mostrados en los dos episodios vistos.

Entre sus precedentes, se encuentran las series de los 90: Chicago Hope (1994) y Ally Mcbeal (1997). Más acá en el tiempo hizo Justicia Ciega (2004). Si las vieron y las recuerdan, hay una marca de autor que se nota, y se repite. 

La alianza de Kelley con Susanne Bier en la dirección le suma una pátina de buena reputación que toda serie de HBO debe tener. Bier es una directora danesa, quien ganó un Oscar en 2010 por En un mundo mejor. Más acá en el tiempo, estuvo al frente de la película de Netflix Bird Box: A Ciegas (2018) y de la excelente serie The Night Manager (2016).

A lo anterior se suma el protagónico absoluto de Nicole Kidman (también productora y encargada de poner su voz en la canción de la apertura), bien rodeada por Hugh Grant, Edgar Ramírez y Donald Sutherland.

Otro elemento que se agrega al modelo probado es el formato de miniserie: son solo 7 capítulos. Muy atrás quedaron aquellas series de 24, 30 episodios imposibles de ver en un fin de semana.

Que se base en un libro es otro elemento de valoración positiva al momento de juzgar una producción de TV. The Undoing es una adaptación de la novela de Jean Hanff Korelitz, llamada Deberías haberlo sabido. Puro spoiler para quienes tienen aversión a cualquier adelanto de trama. 

Lo que cuenta The Undoing es el “despertar” de una mujer blanca privilegiada. Grace (Kidman) es una psicóloga de parejas que vive en Manhattan junto a su marido, Jonathan (Hugh Grant), un oncólogo pediatra, y su hijo que asiste a un prestigioso colegio de Nueva York. Más del 1 % no viene en una muestra tan cabal de aquellos que aparentan no tener ningún tipo de problema en la vida. 

El drama legal arranca en el capítulo tres (que se emite esta noche), mientras que en lo visto hasta ahora plantea una pregunta que podrá no ser original pero sí clave para la historia en sí: ¿cuánto sabés de tu pareja? ¿La conocés realmente? Y si bien The Undoing no descolla, el solo hecho de verla a Kidman en compañía de Hugh Grant afrontando esas preguntas suma varios puntos a favor.

La serie comienza con un jovencito que descubre que su mamá ha sido asesinada. Ese niño está becado en la misma escuela que el hijo del personaje de Kidman. La víctima tuvo algunos acercamientos a las mamis del colegio, sobre todo a Grace, que sugirieron un secreto que luego será revelado. 

Claramente, como en Big Little Lies y en Little Fires Everywhere, la serie se propone exponer las diferencias de clase entre los becados y los afortunados. Sin embargo, en lugar de hacer un ida y vuelta entre los menos y más favorecidos, The Undoing se cuenta desde el punto de vista de Grace. 

Lo que vemos son los pesares de esta mujer, mientras que la víctima y su familia aparecen, en el comienzo, algo desdibujados y estereotipados. No explora, por ejemplo, el dolor del niño al encontrar el cuerpo de su madre de una manera tan brutal, y esa insensibilidad se nota.

En el capítulo 2, ya queda todo establecido: el drama de los Frasers y los secretos revelados. Como en The Night Of –otra serie de HBO que vale la pena ver– la pregunta es si el sospechoso de matar a la joven madre artista lo hizo o no. Y el acusado goza de la suficiente dualidad como para que como espectadores vayamos y volvamos sobre su culpabilidad, un elemento que completa la fórmula mencionada. ¿Convencional? Sí, ¿Disfrutable? También. The Undoing es fiel a su propósito; el pecado, tal vez, son las altas expectativas puestas en un producto que, en su andar genérico, no defrauda: y que te cuenta que los ricos también lloran, y ¿matan?